El desborde

Esta his­to­ria empieza con las notas escritas en un tablero acríli­co y un fuerte olor pare­ci­do al vina­gre. El 15 de mar­zo de 2019 a las 8:30 am, después de un inter­cam­bio de corre­os elec­tróni­cos y lla­madas tele­fóni­cas durante dos meses, llegué a la puer­ta de la sala de con­sul­ta del  Fon­do Doc­u­men­tal de la Uni­ver­si­dad Nacional , en Medel­lín. Tenía la inten­ción de explo­rar y cono­cer el archi­vo de Fabi­o­la Lalinde. 

En Abril de 2016 mien­tras real­iz­a­ba otro proyec­to, fui en búsque­da del archi­vo de Fabi­o­la Lalinde. En ese momen­to, ese archi­vo hacía parte del repos­i­to­rio dig­i­tal de archivos de dere­chos humanos del Cen­tro Nacional de Memo­ria Históri­ca. En la sede de esta insti­tu­ción en Bogotá, recibí las instruc­ciones para acced­er al repos­i­to­rio de man­era vir­tu­al y una copia en una memo­ria USB de algu­nas de las car­petas del archi­vo. En ese momen­to mi moti­vación para con­sul­tar el archi­vo, era cono­cer más del con­tex­to políti­co e históri­co de la desapari­ción forza­da en Colom­bia durante los años 70 ‘s y 80’ s. Quería hac­er­lo des­de la per­spec­ti­va de Fabi­o­la, y su expe­ri­en­cia per­son­al de búsque­da y encuen­tro de Luis Fer­nan­do Lalinde Lalinde, su hijo desa­pare­ci­do en 1984. El día que llegué al CNMH a pre­gun­tar y pedir acce­so al archi­vo, me recibió una mujer que me hizo una pre­gun­ta muy especí­fi­ca después de escucharme hablar de mi proyec­to: ¿nece­si­tas acce­so a las car­petas de la exhumación del cuer­po de Luis Fer­nan­do? Aunque sor­pren­di­da por su pre­gun­ta, ráp­i­da­mente le dejé claro con el movimien­to de mi cabeza que eso no era lo que me interesa­ba ni inves­ti­gar, mucho menos ver. 

Luego de revis­ar algu­nas car­petas e imá­genes del mate­r­i­al que me entre­garon en Bogotá, me ani­mé a escribir­le a Adri­ana —hija de Fabi­o­la y her­mana de Luis Fer­nan­do. La respues­ta a mi correo elec­tróni­co llegó muy pron­to. Fue muy gen­erosa y recibió muy bien mis pre­gun­tas. Una sem­ana después nos reuni­mos y nos conoci­mos por skype con ella y Fabi­o­la, y des­de entonces, man­ten­emos una comu­ni­cación reg­u­lar a distancia.

En 2018, luego de un largo pro­ce­so de búsque­da, encuen­tro, iden­ti­fi­cación, entre­ga, jus­ti­cia y reparación por la desapari­ción de su hijo,  Fabi­o­la Lalinde man­i­festó el deseo  de que su archi­vo quedara bajo cus­to­dia y cuida­do de la Uni­ver­si­dad Nacional de Colom­bia en Medel­lín. Siente que esta insti­tu­ción man­ten­drá pro­te­gi­do de intere­ses políti­cos el archi­vo, y además de garan­ti­zar su acce­so públi­co y prin­ci­pal­mente, de estu­di­antes.  Tras cono­cer esta noti­cia  (???), les escribí muy emo­ciona­da para man­i­fes­tar­les mi ale­gría y para decir­les que esper­a­ba que todo saliera muy bien. En ese momen­to debido a com­pli­ca­ciones de salud de Fabi­o­la y a que me encon­tra­ba vivien­do fuera de Colom­bia, nue­stro con­tac­to fue a través de what­sapp, prin­ci­pal­mente con Adriana. 

Luego de hablar con ellas, con­tac­té al pro­fe­sor Óscar Cal­vo Isaza —direc­tor del lab­o­ra­to­rio de fuentes históri­c­as de la uni­ver­si­dad, con­tán­dole de mi doc­tor­a­do, del proyec­to, y le hablé sobre mi interés en hac­er una estancia cor­ta de inves­ti­gación con el archi­vo. Tras var­ios inter­cam­bios por correo elec­tróni­co con la sec­re­taria del lab­o­ra­to­rio, me respondieron que para empezar mi estancia en la fecha y en los días que nece­sita­ba, debía recibir la con­fir­ma­ción y el acom­pañamien­to de Adri­ana Lalinde ya que el archi­vo aún se encon­tra­ba en cat­a­lo­gación y en cuar­ente­na por limpieza. Le escribí a Adri­ana explicán­dole lo que esta­ba pasan­do y pre­gun­tán­dole si podía con­tar con su apoyo y su acom­pañamien­to en esta estancia —durante la cual había planea­do vis­i­tar y tra­ba­jar con otras per­sonas en Medel­lín. Su respues­ta fue pos­i­ti­va, y luego de comu­ni­carme de nue­vo con el equipo y el pro­fe­sor Óscar, me con­fir­maron que podía ir a vis­i­tar­los a Medellín.

En 2019, nos reen­con­tramos con Adri­ana en la sala de con­sul­ta del Lab­o­ra­to­rio de Fuentes Históri­c­as de la Uni­ver­si­dad Nacional de Medel­lín. Allí, durante una sem­ana, hablam­os y nos acom­pañamos en nue­stros tra­ba­jos. Ella, revisan­do neg­a­tivos y fotografías del archi­vo para describir­las en fichas. Y yo, por primera vez, vien­do, leyen­do y tocan­do el archivo.

Adri­ana vive en Medel­lín, donde nació hace sesen­ta años. Es escul­to­ra y des­de que la conocí me trans­mi­tió todo el amor y agradec­imien­to que siente por su prác­ti­ca cre­ati­va. En una de nues­tras primeras con­ver­sa­ciones le pre­gun­té sobre su tra­ba­jo y sobre las cosas que le gusta­ban, y recuer­do clara­mente una de las cosas que me respondió: soy artista, aunque nun­ca he ido a una uni­ver­si­dad. Des­de mi per­spec­ti­va, Adri­ana es una mujer sen­si­ble, amorosa y muy cuida­dosa a la hora de com­par­tir cier­tos aspec­tos de su vida. La desapari­ción forza­da de Luis Fer­nan­do, su her­mano, tra­jo muchas difi­cul­tades y con­flic­tos. Una expe­ri­en­cia que ella ha vívi­do a través del largo camino acom­pañan­do a Fabi­o­la, y donde su vul­ner­a­bil­i­dad la ha expuesto a varias vio­len­cias y for­mas de revic­tim­ización: dis­crim­i­nación de género, la desle­git­i­mación sobre su expe­ri­en­cia per­son­al y cómo su respues­ta a lo que ha vivi­do está atrav­es­a­da y deter­mi­na­da por su condi­ción autista (y el capacitismo).

Sobre su prác­ti­ca artís­ti­ca, es una de las estrate­gias que encon­tró para recibir, ges­tionar, mate­ri­alizar y trascen­der las difer­entes vio­len­cias que la han atrav­es­a­do y que la silen­cia­ron, o como ella lo expre­sa, lo que me pasó es que cuan­do ocur­rió lo de mi her­mano yo me quedé sin pal­abras, no pude respon­der. No tenía cómo nom­brar lo que me pasa­ba, y eso me tuvo mal mucho tiem­po. Y con el tiem­po, entre más se exponía de man­era públi­ca, por ejem­p­lo cuan­do le hacían entre­vis­tas o la bus­ca­ban para hablar sobre el caso de su her­mano, se sen­tía muy incó­mo­da al ser trata­da y nom­bra­da (aunque no en todas, sí en muchas oca­siones) como la hija de Fabi­o­la y no como Adri­ana Lalinde. Siente que esta iden­ti­dad le fue impuesta. 

Por muchos años y des­de muy joven, Adri­ana acom­pañó a Fabi­o­la en muchas de las búsquedas que ha empren­di­do en su vida: bus­car a Luis Fer­nan­do, y tras la con­fir­ma­ción de su muerte, encon­trar su cuer­po, iden­ti­fi­car­lo, y la larga espera por jus­ti­cia (con­de­na de quienes son respon­s­ables, reparación económi­ca y sim­bóli­ca por lo cau­sa­do). En este com­ple­jo camino de más de trein­ta años, Adri­ana pres­en­ció, par­ticipó y acom­pañó a su famil­ia en la Operación Ciriri, o en otras pal­abras, las estrate­gias que Fabi­o­la ideó para bus­car, respon­der, resi­s­tir, con­tin­uar y com­par­tir todo el conocimien­to de la búsque­da de su hijo desa­pare­ci­do. Y así, con todas las his­to­rias y expe­ri­en­cias pos­i­ti­vas y neg­a­ti­vas, el dolor y los buenos encuen­tros que tra­jo la Operación Círi­ci, Fabi­o­la dio for­ma durante vein­ticin­co años a un exten­so archi­vo mate­r­i­al que fue entre­ga­do en cus­to­dia al Lab­o­ra­to­rio de Fuentes Históri­c­as de la Uni­ver­si­dad Nacional de Medellín. 

Sobre su prác­ti­ca artís­ti­ca, cómo ha colab­o­ra­do con otras per­sonas y pro­ce­sos colectivos 

En 1987, Adri­ana empezó a tomar clases de cerámi­ca en Medel­lín, en el taller de un artista ami­go de su famil­ia. A este lugar llegó ani­ma­da por Fabi­o­la quien sabía lo mucho que a Adri­ana le interesa­ba el arte. En este taller estu­vo por dos años, tras los que con­tin­uó su prác­ti­ca artís­ti­ca de man­era inde­pen­di­ente y pro­fun­da­mente conec­ta­da con el pro­ce­so de encuen­tro e iden­ti­fi­cación de su hermano. 

Ocho años después de la desapari­ción de Luis Fer­nan­do, la famil­ia de Adri­ana recibió noti­cias del cuer­po de una per­sona asesina­da por el Ejérci­to Nacional que podría ser él. Durante ese perío­do, Adri­ana tuvo una serie de sueños en los que vio a su her­mano, y de los que recuer­da una raíz, un árbol y tier­ra. Ese mis­mo año con ayu­da del ejérci­to y la Fis­calía, ubi­caron y exhumaron el cuer­po de Luis Fer­nan­do. Esta­ba enter­ra­do entre las raíces de un árbol en una mon­taña en Antio­quía. En 1996, tras una larga espera para la iden­ti­fi­cación de su cadáver, la famil­ia recibió la noti­cia de la con­fir­ma­ción de su iden­ti­dad y final­mente, la entre­ga de sus restos óseos. La urna en la que se encuen­tran los restos de Luis Fer­nan­do en Medel­lín, fue hecha con bar­ro por Adri­ana, inspi­ra­da en las imá­genes de árboles y raíces de sus sueños. 

En 2002, Adri­ana fue invi­ta­da por la Aso­ciación de Famil­iares de Víc­ti­mas de Tru­jil­lo (AFAVIT) en el Valle del Cau­ca para mod­e­lar 235 osar­ios en bar­ro con los ros­tros, cuer­pos y las his­to­rias de vida de las per­sonas asesinadas y desa­pare­ci­das en esta zona entre 1987 y 1994. Este memo­r­i­al funer­ario que se encuen­tra en el Par­que Mon­u­men­to de Tru­jil­lo, fue real­iza­do durante dos meses con la colab­o­ración de algu­nas de las famil­ias de estas per­sonas. Para Adri­ana, este fue un pro­ce­so de muchas capas emo­cionales. Por un lado, fue una expe­ri­en­cia enrique­ce­do­ra y colab­o­ra­ti­va en la que cono­ció y com­par­tió con per­sonas afec­tadas por vio­len­cias sim­i­lares a la suya. Sin embar­go, tam­bién fue un pro­ce­so doloroso y autor­reflex­i­vo por su propia nat­u­raleza. Un proyec­to artís­ti­co que cul­minó en un memo­r­i­al funer­ario con­struí­do en un lugar pro­fun­da­mente afec­ta­do por la vio­len­cia, y que pone en ten­sión difer­entes expe­ri­en­cias: la muerte, la ausen­cia y la desapari­ción forza­da de per­sonas, a través de la rep­re­sentación de estas per­sonas en vida: cómo eran, qué hacían, qué les gusta­ba, cómo son recor­dadas y qué obje­tos quedan de ellas. 

En los últi­mos años, Adri­ana ha par­tic­i­pa­do en var­ios proyectos/procesos con difer­entes gru­pos y orga­ni­za­ciones de per­sonas afec­tadas por la vio­len­cia, como  Agroarte  en la comu­na Trece de Medel­lín, el Museo de la memo­ria en Medel­lín, y con el lab­o­ra­to­rio de fuentes históri­c­as de la Uni­ver­si­dad Nacional en Medel­lín, en la cat­a­lo­gación del archi­vo de su familia. 

(re)encuentros en el archivo

El primer día en el archi­vo empezó tem­pra­no. Había pocas per­sonas en la uni­ver­si­dad a esa hora de la mañana. Al entrar, lo primero que vi fue un tablero acríli­co blan­co en el que esta­ba descrito el tra­ba­jo que esta­ban real­izan­do con el archi­vo has­ta la fecha. Cajas inter­venidas, 8. Folios entre­ga­dos, 8410 desin­fec­ta­dos. Folios en cuar­ente­na, 3500. Biode­te­ri­oro (hon­gos). Val­or com­er­cial, socio­cul­tur­al. Pat­ri­mo­nio. Memo­ria físi­ca, intan­gi­ble. Tam­bién había una can­ti­dad escri­ta: 6 ml, y una pal­abra que se repetía dos veces entre parén­te­sis, (hojas). 

Esa mañana tam­bién conocí a Jose Manuel, his­to­ri­ador y coor­di­nador del lab­o­ra­to­rio, y a Mar­gari­ta, una de las inves­ti­gado­ras prac­ti­cantes del lab­o­ra­to­rio, quien me dio las instruc­ciones para tra­ba­jar con el archi­vo. Me explicó qué equipos usar y dónde podía sen­tarme a tra­ba­jar. Mien­tras escuch­a­ba aten­ta a Mar­gari­ta, Jose inter­rumpió nues­tra con­ver­sación para pre­gun­tarme si tenía guantes para con­sul­tar el archi­vo. Yo respondí negan­do con mi cabeza. Has­ta ese momen­to no solo había sido des­cuida­da con las nor­mas bási­cas de con­sul­ta en un archi­vo sino que además no había reflex­ion­a­do sobre las impli­ca­ciones de esta opor­tu­nidad. Aho­ra podría tocar las pági­nas, fotografías y hojas de per­iódi­co con mi manos. Sin duda, mi expe­ri­en­cia esos días allí estu­vo medi­a­da por mis sen­ti­dos; ver, oler y tocar el archivo.

Entre mis olvi­dos tam­bién estu­vieron las  instruc­ciones de con­sul­ta  del archi­vo, que no leí a tiem­po. Después de dis­cul­parme por mi des­cui­do, les pre­gun­té dónde podía con­seguir unos guantes den­tro de la uni­ver­si­dad, y fui ráp­i­da­mente a una de las papel­erías cer­canas a com­prar­los. —Al volver con los guantes de látex, empecé a revis­ar el catál­o­go del archi­vo. Por cada caja que quisiera con­sul­tar, debía llenar a mano unos for­matos con códi­gos que cor­re­spondían a seg­men­tos del archivo. 

Ese día me enteré que esta­ban real­izan­do un pro­ce­so de desin­fec­ción del archi­vo de Fabi­o­la. El moti­vo de la cuar­ente­na se podía intuir en la nar­iz. Era un olor muy fuerte a vina­gre difí­cil de igno­rar, al menos para mí. Varias veces me dis­tra­je pen­san­do en el moti­vo del olor y en lo que estaría ocur­rien­do en el archi­vo. Mien­tras tra­ba­ja­ba revisan­do el mate­r­i­al una de las cajas con per­iódi­cos, el equipo del lab­o­ra­to­rio tuvo una reunión online en la que reci­bieron una guía para la inter­ven­ción de limpieza y desin­fec­ción que debían hac­er del archi­vo. El moti­vo de la con­t­a­m­i­nación fue el alma­ce­namien­to de unos rol­los de pelícu­la —de otro archi­vo— muy cer­ca de algu­nas de las cajas del mate­r­i­al de Fabi­o­la. Al per­manecer en cier­tas condi­ciones atmos­féri­c­as: pres­en­cia de aire y luz solar, y debido al paso del tiem­po, la pelícu­la cin­e­matográ­fi­ca puede sufrir alteraciones en su com­posi­ción, y pro­ducir un tipo de áci­do acéti­co (o vina­gre). Si el vapor de ese áci­do lle­ga a otras super­fi­cies como el papel fotográ­fi­co, la tela o el papel, los con­t­a­m­i­na con su humedad, lo que prop­i­cia un ambi­ente prop­i­cio para los hongos. 

Mi man­era de recor­rer, leer e inda­gar en este archi­vo, fue muy poco planea­da y quizás, poco cuida­dosa. Aunque ya había tenido un con­tac­to pre­vio (unos años antes en el CNMH en Bogotá), no record­a­ba mucho del archi­vo (sus cat­e­gorías y cómo había sido crea­do). Claro, mi expe­ri­en­cia ante­ri­or con este archi­vo se había dado de man­era muy difer­ente, a través de una pan­talla y de man­era remo­ta a través de la copia de unos archivos en una memo­ria USB. En Medel­lín, mi encuen­tro fue total­mente difer­ente. Esta vez, esta­ba medi­a­do no solo por una serie de emails, lla­madas y pan­tallas sino por mis manos (con guantes). Aho­ra podía tocar el archi­vo, aunque este estu­vier­an en medio de una cuarentena.

Y así, poco a poco, después de encon­trar huel­las del paso del tiem­po, del paso de otras manos, las man­chas de humedad y tin­ta se hicieron vis­i­bles y tan­gi­bles —tác­tiles. Estos ele­men­tos me fueron invis­i­bles en mi ante­ri­or expe­ri­en­cia. Por esos días, Adri­ana man­i­festó la necesi­dad de una lupa o algo que le per­mi­tiera aumen­tar las imá­genes pequeñas que intenta­ba describir y clasi­ficar; neg­a­tivos fotográ­fi­cos. Al final de ese día, fui a com­prar dos lupas, ya que me di cuen­ta que tan­to ella como yo nece­sitábamos lentes que nos ayu­daran con otra per­spec­ti­va para nue­stro tra­ba­jo. Ella para las fotografías que esta­ba vien­do y para iden­ti­ficar a las per­sonas en ellas, y yo, para des­cubrir las huel­las del archi­vo. Esta­ba bus­can­do algo, pero no tenía claro qué. O como me dijo Adri­ana, para hac­er­le pre­gun­tas al archi­vo

La lupa me per­mi­tió aprox­i­marme des­de otra per­spec­ti­va al archi­vo. Y des­de un nue­vo lugar que cam­bió por com­ple­to mi búsque­da. Aho­ra había otras cosas que bus­car. Cosas que no había con­tem­pla­do de ante­mano: tex­turas, col­ores, tonos, ray­ones, frag­men­tos de otras cosas que se qued­a­ban entre las uniones de las pági­nas, y ‚anchas de líqui­dos. Cada caja con doc­u­men­tos tenía un peso especí­fi­co. Las hojas de per­iódi­co son­a­ban difer­entes depen­di­en­do de su grosor. Aparecían super­fi­cies y mate­ri­ales difer­entes: hojas de cuader­nos, hojas de per­iódi­cos difer­entes, papel fotográ­fi­co, tela, cartón, etc. Y por supuesto, otra capa mate­r­i­al, el olor.  —Aunque para eso no era nece­saria la lupa. Guia­da a través de mis sen­ti­dos, encon­tré una man­era com­ple­ta­mente nue­va de recor­rer este archi­vo. Al ver mis manos cubier­tas con los guantes de látex que se hacían trans­par­entes con mi sudor, me di cuen­ta que no solo eran una bar­rera para pro­te­ger el papel del con­tac­to con mi piel sino que tam­bién servían para medir el tiem­po que llev­a­ba con el archi­vo —después de una hora de tra­ba­jo mis manos ya esta­ban muy húmedas, y cómo lo que iba encon­tran­do y las pre­gun­tas que surgían en el pro­ce­so, me afecta­ban emocionalmente .

Esta nue­va búsque­da tra­jo tam­bién nuevos encuen­tros en los que el agua y el río fueron apare­cien­do como lugares rel­e­vantes en este archi­vo. Aparecieron en for­ma de notas, temas, guías, pen­samien­tos y como pre­gun­tas de Fabi­o­la (el archi­vo más que como respues­ta, una for­ma de hac­er pre­gun­tas). Uno de mis primeros encuen­tros del río en el archi­vo, fue en un artícu­lo de un períod­i­co: ¿cómo hac­er obser­va­ciones sobre un río?

Pre­gun­tas de investigación

  • ¿De qué for­mas la desapari­ción de Luis Fer­nan­do afec­tó la vida de Adriana?
  • ¿De qué man­eras ella ha hecho resisten­cia a las vio­len­cias subsecuentes?
  • Sobre su prác­ti­ca artís­ti­ca, ¿de qué man­era el arte ha sido una for­ma de respues­ta y resistencia?
  • ¿Es el archi­vo, una estrate­gia de resisten­cia (en el caso de Fabiola)? 
  • Y para Adri­ana, ¿qué rep­re­sen­ta? ¿Cómo ha esta­do pre­sente en su vida?¿Cómo Adri­ana recibe/entrega el archi­vo? ¿Cómo la moti­vación e inten­ciones de Fabi­o­la son recibidas (o no) por Adriana? 
  • ¿Es una trans­fer­en­cia generacional?
  • ¿Cuál va a ser el futuro de este archi­vo?¿Cómo hac­er hablar al archi­vo?

Lo que hemos hecho juntas

Durante los últi­mos cin­co años, hemos con­sol­i­da­do un vín­cu­lo de amis­tad ali­men­ta­do por nue­stro inter­cam­bio reg­u­lar a dis­tan­cia. Después de nue­stro encuen­tro en Medel­lín y tra­ba­jar jun­tas en/con el archi­vo, vis­i­tar el museo Casa de la memo­ria y otros lugares impor­tantes en la vida de Adri­ana, hemos man­tenido una con­ver­sación acti­va y críti­ca sobre su expe­ri­en­cia per­son­al y sobre el archi­vo. En 2020, la invité a hac­er parte de la prop­ues­ta de un taller de creación (a dis­tan­cia) con estu­di­antes de la maestría en archivos de dere­chos humanos de la Uni­ver­si­dad Nacional, sin embar­go, debido a las con­tin­gen­cias de la pan­demia de Covid 19 y a la disponi­bil­i­dad del equipo de lab­o­ra­to­rio, no fue posi­ble realizarlo. 

Com­pro­misos

Des­de el ini­cio de nue­stro inter­cam­bio, Adri­ana me man­i­festó abier­ta­mente sus necesi­dades y pri­or­i­dades para par­tic­i­par en el proyec­to de inves­ti­gación. Me habló del com­pro­miso y aporte al archi­vo con algunos recur­sos mate­ri­ales y con la idea de cómo hac­er­le pre­gun­tas al archi­vo. Cómo garan­ti­zar que sea con­sul­ta­do y acti­va­do de difer­entes for­mas. Asimis­mo, des­de hace un par de años,    hemos venido tra­ba­jan­do en la idea de un taller de cerámi­ca (inspi­ra­do en la expe­ri­en­cia que tuvi­mos con Martha en Bogotá), y que planeamos pro­pon­er y lle­var a cabo con ayu­da del Museo Casa de la memo­ria en Medel­lín, y con la par­tic­i­pación de per­sonas afec­tadas por la vio­len­cia (de algunos sec­tores de la ciudad). 

Otro com­pro­miso hereda­do del primer proyec­to en el que tra­ba­jamos jun­tas, es la tarea de elab­o­rar una línea del tiempo/genealogía del archi­vo, enfo­ca­da en pre­gun­tar­le al archi­vo, cómo fue la vis­i­bi­lización de casos y lucha de dere­chos humanos en Colom­bia, durante los años ochen­ta y noventa. 

El remanso

Lo que trae y lle­va el río

Bel­trán está ubi­ca­do al lado del río Cau­ca entre las mon­tañas de Ris­ar­al­da en Colom­bia. Esta vere­da, como se con­sid­era a las pobla­ciones rurales de entre 50 y 1200 per­sonas que viv­en cer­ca de los caminos que comu­ni­can otros munici­p­ios, surgió en para­le­lo con el establec­imien­to de una de las esta­ciones y bode­gas del fer­ro­car­ril de occi­dente que iba des­de Cali has­ta Bue­naven­tu­ra en el pací­fi­co. Una ruta que recor­ría aprox­i­mada­mente 300 Km.

Des­de que esta estación dejó de recibir trenes, mer­cancías y per­sonas, con­tin­uo existien­do como un pequeño y olvi­da­do caserío. En Bel­trán viv­en aprox­i­mada­mente cin­cuen­ta famil­ias, con una escuela, una can­cha de fút­bol, una igle­sia evangéli­ca, dos tien­das, y un bal­n­eario en el lugar en el que la que­bra­da la Nona se une con el río Cau­ca. En una de las oril­las de este río, hay un reman­so. Un pun­to en el que la cor­ri­ente y el rit­mo del río baja, se hace más lento. En el reman­so, cualquier cosa que sea menos den­sa que el agua, flota y que­da atra­pa­da en un remoli­no suave: peda­zos de árboles y tron­cos de madera, envas­es de plás­ti­co, ropa, cartón, papel, en gen­er­al, dese­chos de otras ciu­dades y pueb­los que son arro­ja­dos al agua. Sin embar­go, entre la veg­etación y los dese­chos tam­bién han lle­ga­do flotan­do cien­tos de cuer­pos de per­sonas asesinadas y desa­pare­ci­das que fueron arro­jadas al río des­de otros lugares. Durante 1980 y 2006, debido a la inten­si­dad de la con­frontación arma­da entre nar­co­traf­i­cantes, para­mil­itares y guer­ril­las, fueron asesinadas en esta región al menos 5.000 per­sonas y más de 1.200 fueron desa­pare­ci­das de man­era forza­da. Una prác­ti­ca que fue reper­to­rio prin­ci­pal­mente de gru­pos para­mil­itares en varias regiones. De acuer­do al inves­ti­gador   Andrés Suárez del­Cen­tro Nacional de Memo­ria Históri­ca (CNMH)  , más de 1.080 cuer­pos de per­sonas desa­pare­ci­das han sido recu­per­a­dos en al menos 190 ríos colombianos.

El pueblo más violento de Colombia

Marsel­la es un munici­pio rodea­do por dos ríos, el río Cau­ca y el San Fran­cis­co. El río Cau­ca atraviesa casi doscien­tos munici­p­ios en su trayec­to­ria y en Bel­trán, a 11 km de Marsel­la, crea un reman­so debido al cam­bio de tem­per­atu­ra en las cor­ri­entes y a la variación de los sed­i­men­tos, que hace que todo lo que corre por el costa­do dere­cho del río se quede estanca­do ahí. Durante algunos años Marsel­la fig­uró en los primeros lugares de las estadís­ti­cas nacionales de homi­cidios debido a los cadáveres atra­pa­dos en el remoli­no de Bel­trán (  Rutas del Con­flic­to, 2019  ). Las per­sonas sin vida que lle­ga­ban flotan­do has­ta el reman­so, eran rescatadas por el cuer­po de bomberos y trasladadas por la policía has­ta Marsel­la, en donde eran iden­ti­fi­cadas y enter­radas en el cemente­rio Jesús María Estra­da. Más de cua­tro­cien­tas per­sonas se encuen­tran allí como per­sonas no iden­ti­fi­cadas (PNI), todas, rescatadas en Bel­trán tras haber sido arro­jadas al río en otros lugares.

Una de las for­mas para lle­gar a Bel­trán, es toman­do una car­retera sin pavi­men­tar que sale de Marsel­la. Un trayec­to que tar­da aprox­i­mada­mente cuarenta min­u­tos en camper­os de doble trac­ción, el tipo de trans­porte públi­co habit­u­al que resiste el com­pli­ca­do esta­do de este camino con grandes hue­cos, árboles caí­dos en la vía y cur­vas muy pro­nun­ci­adas. En tem­po­ra­da de llu­vias esta vía suele per­manecer cer­ra­da debido al lodo y a los der­rumbes que con­stan­te­mente blo­quean la vía cau­san­do prob­le­mas de trans­porte y abastec­imien­to a la comu­nidad de Beltrán.

En esta sec­ción abor­do la his­to­ria de Bel­trán y la relación que las niñas, niños, y otras  per­sonas de la comu­nidad estable­cen con el río, el pasa­do y su entorno a par­tir de cua­tro momen­tos: El libro, La ani­mera, La estación y El fuego.

La estación fantasma

Con­tex­to

Bel­trán es una pequeña población al lado del río Cau­ca, entre las mon­tañas de Ris­ar­al­da en Colom­bia. A este lugar lle­garon dos famil­ias, emplea­d­os y autori­dades encar­gadas de la estación del fer­ro­car­ril que se fundó allí. Tras su inter­rup­ción en 1980, a pesar de los inten­tos de reparación, del paso del tiem­po y de los cam­bios del niv­el de agua del río, la vía fér­rea se ha dete­ri­o­ra­do y ha sufri­do rup­turas. Y así, Bel­trán dejó de ser una estación del tren para con­tin­uar existien­do como un caserío soli­tario en el que hay una escuela, una can­cha de fút­bol, un par de tien­das, y un bal­n­eario que que­da jus­to en donde la que­bra­da la Nona y el río Cau­ca se unen. Para lle­gar allí se puede tomar la car­retera sin pavi­men­tar des­de Marsel­la, o se puede lle­gar por las vías del tren en maroni­ta, un vehícu­lo arte­sanal con ruedas de bal­len­eras y una base que en madera que es impul­sa­do por una motocicleta.

En el reman­so muchas cosas quedan atra­padas flotan­do en un remoli­no: peda­zos de árboles, tron­cos de madera, envas­es de plás­ti­co, ropa, cartón, papel, y los dese­chos que son arro­ja­dos al río en otras ciu­dades y pueb­los. Sin embar­go, entre la veg­etación y los dese­chos tam­bién han queda­do atra­pa­dos ani­males muer­tos y cien­tos de cuer­pos de per­sonas asesinadas y desa­pare­ci­das que fueron arro­jadas al río.

  • Esta zona es una de las regiones con más exten­sión de cul­tivos cafeteros
  • Vías fér­reas afec­tadas por el paso del tiem­po, y las condi­ciones del río han cau­sa­do el cierre de las esta­ciones y la inter­rup­ción del tren. Debido a esto, las famil­ias ocu­paron estas casas y aho­ra sien­ten incer­tidum­bre y miedo de ser desa­lo­ja­dos de estas vivien­das que no son de su propiedad (legal).
  • Cien­tos de cuer­pos de per­sonas asesinadas arro­jadas al río quedaron atra­pa­dos en el reman­so entre 1980–2000’s
  • Rec­ha­zo y estigma­ti­zación social por esta problemática
  • La población se encuen­tra muy cer­ca de un oleo­duc­to (Ecopetrol) y de la Hidroeléc­tri­ca la Esmer­al­da (Cal­das)
  • Comu­nidad Embera (en lo alto de la mon­taña) / Bajan a pescar al río en la noch

Río cer­canos: río Cau­ca, que­bra­da la Nona y el río Otún

Encuentros y metodología

He esta­do en dos oca­siones en este lugar. Ambas veces, acom­paña­da de Yor­la­dy y Gabriel quienes lle­van más de una déca­da de tra­ba­jo con esta comu­nidad. Mi primera estancia fue en 2018, gra­cias a la guía y gen­erosi­dad de ambas per­sonas. Nue­stro primer via­je a Bel­trán lo hici­mos a través de una vía alter­na que nos llevó has­ta un lugar lla­ma­do Estación Pereira, y luego tomamos una mar­rani­ta por la car­ril­era. Fue un via­je largo y pesa­do. Al lle­gar, fuimos con una de las famil­ias que vive en las casas de la antigua estación del tren. Ese día conocí a Natalia. Una mujer joven, madre de famil­ia, con quien Gabriel y Yor­la­dy hablaron para ges­tionar nues­tras comi­das en los dos días que estaríamos. Natalia nos guío y nos explicó algu­nas cosas sobre Bel­trán, y nos recomendó hablar con otras per­sonas para nue­stro proyecto.

En un prin­ci­pio hablé con dos pescadores, y luego gra­cias a la capaci­dad de comu­ni­cación y alcance de Natalia, hici­mos un recor­ri­do de obser­vación del río con los niños y niñas, y una sesión de dibu­jo con acuarelas. 

En 2020, regresé a Bel­trán con Yor­la­dy, Gabriel, Pablo y David —quienes via­jaron des­de Bogotá con­mi­go—, con quienes ideamos y lle­va­mos a cabo una serie de ejer­ci­cios de recor­ri­do, obser­vación, recolec­ción de mate­ri­ales, fotografía y creación de per­son­ajes con las niñas y niños de Beltrán. 

Per­sonas

Durante el tiem­po que per­manec­i­mos en Bel­trán en Enero de 2020, de for­ma intu­iti­va y orgáni­ca com­partí de man­era más cer­cana con algu­nas per­sonas de la comu­nidad: Bran­don, Natalia, Mariela y Dario. Nue­stros encuen­tros estu­vieron guia­dos por sus activi­dades cotid­i­anas, sus tiem­pos de des­can­so, sus his­to­rias famil­iares, sus expe­ri­en­cias en el río y lo que pien­san y esper­an para el futuro. Con su con­sen­timien­to reg­istré nue­stros encuen­tros en difer­entes medios: notas, video, fotografías y graba­ciones de voz.

Lo que hicimos junto con la comunidad

En 2020 nos insta­lam­os en una casa veci­na a la de Dario. Allí tuvi­mos nues­tra base para los ejer­ci­cios y talleres que desar­rol­lam­os jun­to con las niñas y niños, y otras per­sonas de la comu­nidad de Beltrán.

  • Recor­ri­do de obser­vación y recolec­ción de mate­ri­ales en la oril­la del río
  • Taller de creación y con­struc­ción de personajes
  • Taller de fotografía digital
  • Reg­istro en video y pues­ta en esce­na de los personajes
  • Con­ver­sa­ciones con mujeres

Preguntas de investigación

  • ¿Cómo se rela­cio­nan las niñas y niños de este lugar con la vida y la muerte?
  • ¿Cómo viv­en allí y cómo habi­tan sus difer­entes capas históri­c­as, espa­ciales y temporales?
  • ¿Cómo han inte­gra­do en sus vidas cotid­i­anas al río y todo lo que les provee/trae?
  • ¿Cómo se rela­ciona la comu­nidad con la mate­ri­al­i­dad de este lugar: la antigua estación, la car­ril­era, el puente y la carretera?
  • ¿Qué rep­re­sen­ta la car­ril­era y el río? ¿Cómo ambos han definido la vida de esta comunidad?
  • ¿Cómo se rela­cio­nan con el pasa­do vio­len­to y los cuer­pos que llegaron/llegan al reman­so? ¿cómo lo hacen los hom­bres? ¿cómo lo hacen las mujeres? ¿cómo lo hacen las niñas y niños?
  • Si el río y el fer­ro­car­ril son dos mun­dos y tiem­pos difer­entes, ¿de qué for­mas se habitan/ocupan?
  • ¿Cómo se rela­cio­nan las niñas y niños con la idea de futuro?
  • ¿Cómo pueden el río y la car­ril­era cam­biar su uso y su sentido?
  • ¿Sómo repen­sar la desapari­ción des­de la expe­ri­en­cia de esta comu­nidad (con las y los aparecidos)?

¿Cómo nos encontramos?

A par­tir del vín­cu­lo estable­ci­do con Yor­la­dy y Gabriel, decidi­mos hac­er otra prop­ues­ta juntes y volver a Bel­trán para tra­ba­jar con las niñas y niños. En esta opor­tu­nidad, nues­tra famil­ia de tra­ba­jo se amplio con Natalia que nos ayudó con toda la gestión y pro­duc­ción den­tro de la comu­nidad, David (artista del pan) y Pablo (artista Visu­al) quienes se unieron al equipo.

Lo que la comunidad ha hecho con otras personas

Durante los últi­mos años, la comu­nidad de Bel­trán ha par­tic­i­pa­do en difer­entes proyec­tos cul­tur­ales, artís­ti­cos, peri­odís­ti­cos y de inves­ti­gación como Mag­dale­nas por el Cau­ca, el doc­u­men­tal Los Abra­zos del Río, var­ios cor­tome­tra­jes de fic­ción y repor­ta­jes para tele­visión. En la may­oría de casos, quienes que han par­tic­i­pa­do en estos proyec­tos, quienes han sido escucha­dos y entre­vis­ta­dos han sido los hom­bres de la comu­nidad, prin­ci­pal­mente los pescadores.

En el caso de este proyec­to, lo planteamos tenien­do en cuen­ta un enfoque difer­en­cial y de género a par­tir del cual dar­le espa­cio cen­tral a las voces de niñas, niños y mujeres de la comunidad.

Acuerdos sobre nuestra colaboración

Durante nues­tra estancia en Bel­trán, varias per­sonas de la comu­nidad nos man­i­fes­taron las sigu­ientes necesi­dades y expec­ta­ti­vas en cuan­to a nue­stro vín­cu­lo futuro:

  1. Man­ten­er nue­stro vín­cu­lo de escucha y cuida­do por medio de lla­madas tele­fóni­cas y/o What­sApp. Has­ta el momen­to, ha sido posi­ble gra­cias a Natalia y su esfuer­zo por man­ten­er­nos en con­tac­to, y por actu­alizarnos cada cier­to tiem­po de lo que pasa en Beltrán.
  2. Plan­ear la ideación y con­struc­ción de un museo en algu­na de las casa de la comu­nidad, donde puedan com­par­tir y preser­var lo que hemos hecho y han hecho con otras personas.
  3. Apo­yar con recur­sos algu­nas cel­e­bra­ciones tradi­cionales para las niñas y niños, como el día de los niños y la navidad.
  4. Par­tic­i­par y ayu­dar en la búsque­da de fon­dos cuan­do se pre­sen­ten emer­gen­cias o prob­le­mas en la comu­nidad: afectación de la car­retera e inter­rup­ción del trans­porte esco­lar, med­i­c­i­nas en casos de urgen­cia, mate­ri­ales y útiles esco­lares para algunas/os niñas y niños, etc.
  5. Hac­er­los partícipes de los resul­ta­dos y difusión del proyec­to, lo cual ha sido solo posi­ble a través de encuen­tros online debido a la pan­demia de Covid 19.

La orilla

Descrip­ción: Dibu­jo de una mano soste­nien­do una lupa. En la lupa se ve el ros­tro de un hom­bre y un tex­to alrede­dor: Te bus­co y no te encuen­tro. Nun­ca cesaré mi búsque­da. Te extraño mucho Andresi­to. Dibu­jo hecho por Martha y Enrique. Colom­bia, 2019.

Martha es una mujer de cin­cuen­ta y cin­co años. Vive en Villav­i­cen­cio en una casa pequeña casa, rodea­da de las plan­tas y flo­res que cui­da. Durante la sem­ana, tra­ba­ja como ayu­dante de limpieza en una ofic­i­na y en la casa de una famil­ia. Martha tiene dos hijos, Enrique y Andrés, y en los últi­mos veinte años debido a la desapari­ción forza­da de Andrés, su hijo menor, se ha ded­i­ca­do a bus­car­lo cam­i­nan­do por potreros, pueb­los y ríos de la región esperan­do encon­trar el lugar en el que su cuer­po pudo haber sido enterrado.

Los primeros años de su búsque­da fueron muy soli­tar­ios, guia­da por la intu­ición y la poca infor­ma­ción que recibía de la inves­ti­gación sobre la desapari­ción de su hijo. Unos años después, Martha empezó a recibir apoyo de algu­nas orga­ni­za­ciones de víc­ti­mas como el Movimien­to Nacional de Víc­ti­mas de Crímenes de Esta­do (Movice), la   Fun­dación Nydia Eri­ka Bautista (FNEB), y recien­te­mente, de la Unidad de Búsque­da de Per­sonas Dadas por Desa­pare­ci­das (UBPD), quienes reconocieron la desapari­ción forza­da de Andrés y asum­ieron su investigación.

Descrip­ción: dos fotografías del cuader­no de la memo­ria de Martha. En la primera ima­gen: Enrique, Martha, Andrés y Muñe­qui­ta (per­ri­ta). En la segun­da: Andrés, Martha y Enrique. Colom­bia, 2019.

¿Cómo nos encontramos?

Nos conoci­mos en Bogotá durante la con­mem­o­ración del día inter­na­cional de la desapari­ción forza­da, en Mayo de 2016. Un even­to públi­co con­vo­ca­do por varias orga­ni­za­ciones de famil­iares de per­sonas desa­pare­ci­das y víc­ti­mas del con­flic­to arma­do en Colom­bia, al que asistieron muchas per­sonas intere­sadas, ONG’s y famil­iares que lle­garon de varias regiones del país entre ellas Martha, y el grupo de mujeres con quienes via­jó. Ese día ella llamó mi aten­ción, al ver­la de lejos mien­tras le dibu­ja­ban con un pin­cel y tin­ta, un men­saje en el bra­zo dere­cho. El tex­to en su bra­zo decía, Te lle­vo en la san­gre. Ella llev­a­ba una fotografía de su hijo col­ga­da del cuel­lo con un tex­to: la memo­ria sim­bóli­ca es la pres­en­cia de una ausen­cia. Mi hijo,Guillermo Andrés Cas­tro Rojas, 19 años de edad. Desa­pare­ci­do el 1 de octubre de 2001,Villavicencio, Meta.

Lo que hemos hecho juntas

Nues­tra explo­ración y encuen­tros han esta­do guia­dos por dos gestos prin­ci­pales: la escucha y la lec­tura en voz alta. A Martha le gus­ta leer las car­tas que escribe para Andrés; nar­rar las his­to­rias de cada una de las fotografías que con­ser­va en el cuader­no de la memo­ria y escuchar las can­ciones favoritas de él. Sin duda, la voz es uno de los ele­men­tos prin­ci­pales de nue­stro vín­cu­lo y tra­ba­jo con­jun­to (y nue­stro archi­vo de WhatsApp).

En nue­stros encuen­tros, tam­bién coci­namos y comem­os jun­tas, como una man­era de dar con­tinuidad a uno de los rit­uales favoritos de Martha, coci­nar las comi­das favoritas de su hijo. Inspi­radas por sus dibu­jos y notas, recor­ri­mos jun­tas algunos de los lugares en donde ella estu­vo bus­can­do a su hijo: car­reteras, puentes, var­ios ríos y un cemente­rio. Muchos de estos lugares se han trans­for­ma­do por el paso del tiem­po, la con­struc­ción de infraestruc­tura, la extrac­ción de mate­ri­ales, cam­bios ambi­en­tales y en los cic­los de los ríos. De este modo, nue­stros recor­ri­dos se con­virtieron en una suerte de car­tografía recor­da­da, dibu­ja­da y bor­da­da (como los mapas bor­da­dos que hici­mos jun­tas en un inten­to por recor­rer en otra escala y rep­re­sen­tar visual­mente su búsque­da). Des­de que ini­ci­amos nue­stro inter­cam­bio, hemos venido con­struyen­do un reg­istro de nat­u­raleza diver­sa: escritos, fotografía, audio, video así como la recolec­ción­mde mate­ri­ales como en el caso del bar­ro que hemos recolec­ta­do en difer­entes ríos. Nue­stros encuen­tros han tenido lugar prin­ci­pal­mente en su casa o en la mía, y en los recor­ri­dos hemos vis­i­ta­do Villav­i­cen­cio, el río Meta, Man­aca­cias y Gua­tiquía. Asimis­mo, via­jamos a Tru­jil­lo en el Valle del Cau­ca, en donde visi­ta­mos a otras per­sonas famil­iares de desaparecidas/os con la inten­ción de que Martha pud­iese cono­cer a otras per­sonas con expe­ri­en­cias sim­i­lares y pudiera inter­cam­biar con ellas.

Gra­cias a la gen­erosi­dad de Jaime Cas­tro, un antropól­o­go forense de la Fis­calía Gen­er­al de la Nación, fuimos invi­tadas en Abril de 2018 al lab­o­ra­to­rio de Iden­ti­fi­cación Humana de la mis­ma insti­tu­ción en Bogotá. Ese mis­mo año, tam­bién tuvi­mos un encuen­tro con un grupo de geól­o­gos que nos expli­caron sobre las rocas, su descom­posi­ción y cómo encon­trar las huel­las del pasa­do en los fósiles. Ambos encuen­tros, fueron rev­e­ladores y trascen­den­tales para Martha.

Lo que Martha ha hecho sola y con otras personas

Des­de el día en que Andrés fue desa­pare­ci­do, Martha lo ha bus­ca­do en difer­entes lugares no solo en el Meta sino en otros depar­ta­men­tos. En 2002, Martha fue acogi­da por el Movimien­to Nacional de Víc­ti­mas de Crímenes de Esta­do (Movice) y gra­cias a uno de los talleres dirigi­dos a famil­iares de per­sonas desa­pare­ci­das ini­ció sus ejer­ci­cios de escrit­u­ra en el cuader­no de la memo­ria, y empezó a orga­ni­zar y con­ser­var las perte­nen­cias de su hijo. Por medio de este cuader­no com­puesto car­tas, notas, descrip­ciones, recortes, dibu­jos y fotografías, Martha ha crea­do un medio en el que ella y su famil­ia se pueden acer­car a Andrés.

En el Movice, Martha tam­bién hizo parte del grupo de teatro El Tente, en el que par­tic­i­pan mujeres famil­iares de per­sonas desa­pare­ci­das y con quienes tuvo la opor­tu­nidad de lle­var su expe­ri­en­cia a difer­entes platafor­mas y espa­cios cul­tur­ales en Colom­bia. Asimis­mo, Martha ha par­tic­i­pa­do con otras orga­ni­za­ciones en difer­entes inter­ven­ciones públi­cas, plan­tones, talleres de bor­da­do y pin­tu­ra. En 2019 después que el Cen­tro Nacional de Memo­ria Históri­ca (CNMH) conociera su his­to­ria, deci­dieron incluir su archi­vo per­son­al den­tro de su colec­ción dig­i­tal de archivos de dere­chos humanos sobre el con­flic­to arma­do (no disponible para consulta).

Preguntas de investigación

  • ¿De que for­ma Martha recuer­da a su hijo? ¿Qué tipo de memo­rias tiene?
  • ¿Qué sig­nifi­ca­dos tiene el agua y el río para Martha? 
  • ¿De qué for­mas se man­i­fi­es­ta y qué efec­tos tiene?
  • ¿Cómo la oril­la como pun­to de par­ti­da, fron­tera y lle­ga­da ha deter­mi­na­do su expe­ri­en­cia de búsque­da y de encuentro?
  • ¿Cuáles son los gestos cotid­i­anos a través de los que ella da sen­ti­do a la ausen­cia de hijo? ¿cómo ocur­ren y en qué espacios?
  • ¿cómo se rela­ciona Martha con estos obje­tos? ¿Qué gestos y sen­ti­dos intervienen?
  • ¿de qué man­eras se man­i­fi­es­ta el tiem­po, la luz del sol, el pol­vo, y el agua en los obje­tos de Andrés?
  • ¿cómo los con­ser­va? ¿cómo se trans­for­man? ¿cómo crea e imag­i­na encuentros?
  • ¿Cómo a través de esta prac­ti­ca (archi­vo) Martha mate­ri­al­iza el encuen­tro? (archive & repertoire)
  • ¿Cómo sus gestos y su archi­vo especulativo/imaginado dan lugar a for­mas alter­na­ti­vas de resistencia?

Gestos clave: oril­la, fron­tera, río, cam­i­nar, lavar, nave­g­ar, dibu­jar, escribir, archi­vo, cocinar.

Compromisos de nuestra colaboración

Durante el tiem­po que hemos com­par­tido, establec­i­mos una serie de com­pro­misos. Uno de los más impor­tantes ha sido, man­ten­er nue­stro vín­cu­lo de con­fi­an­za y cuida­do a pesar del tiem­po y la dis­tan­cia. Por otro lado, y como for­ma de hon­rar  la búsque­da que ha hecho, Martha me pro­pusó que revistáramos algunos de los lugares a los que ella ha ido (mien­tras no impliquen un ries­go para nues­tra seguridad).

Debido a la tem­po­ra­da de llu­vias de 2018 en Villav­i­cen­cio, la casa de Martha sufrió mucho daños. Las grandes goteras en el techo de su casa afec­taron sus mue­bles, los elec­trodomés­ti­cos y lle­garon a humede­cer la habitación de Andrés. Ade­lan­tán­dose­lo a la con­se­cuen­cias del tiem­po y la humedad, Martha acud­ió a varias per­sonas e insti­tu­ciones cer­canas bus­can­do finan­ciamien­to para acel­er­ar las repara­ciones del techo de su casa.

Otro de los com­pro­misos mas recientes, es la dig­i­tal­ización de gran parte de su archi­vo, con la inten­ción de que este disponible para el pro­ce­so de inves­ti­gación o para cualquier otra solic­i­tud rela­ciona­da con la búsque­da de Andrés.

El cuar­to de la memo­ria
En esta habitación Martha con­ser­va la may­oría de las perte­nen­cias de Andrés: obje­tos per­son­ales, libros, fotografías, su cama, su mesa de noche y su tele­vi­sor. En frente de la cama hay un sofa de col­or blan­co, en el que Martha se sien­ta cuan­do quiere hablar con él. Ella dice: “este es el espa­cio donde lo encuentro” .
Des­de hace dos años, Martha decidió pro­te­ger con bol­sas de plás­ti­co los obje­tos más pequeños y del­i­ca­dos, fotografías, car­tas, doc­u­men­tos, y textiles.

El cuader­no de la memoria

Cuader­no de la memoria

En este cuader­no que tam­bién es un reg­istro, Martha se encuen­tra con Andrés a través de imá­genes y escritos sobre él y ella, los recuer­dos, su espera y sus búsquedas.

Ima­gen 1: Dibu­jo de un árbol. Tex­to: Sigo y seguiré tus huel­las pero sin saber dónde está; Quién se lo llevó; Por qué se los lle­varon; qué hicieron con­ti­go hijo mío.

Ima­gen 2: Dibu­jo de un río y partes de cuer­pos humanos en el agua. Tex­to: Que no se llenen más ríos de … No más sufrim­ien­to. No más cuer­pos. No mas desmembramiento”

Imá­genes 3 y 4: Enrique, Martha, Andrés y Muñe­qui­ta (per­ri­ta).

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Personas

Descrip­ción: Grupo de seis niñes lle­van­do baldes de agua, sobre las vías del tren. Ris­ar­al­da, Colom­bia, 2019.

Quienes me acom­pañan en esta inves­ti­gación con­sti­tuyen un grupo de per­sonas con expe­ri­en­cias y rela­ciones difer­entes con la des-apari­ción forza­da de per­sonas en Colom­bia. Esta red afec­ti­va se car­ac­ter­i­za por su diver­si­dad: 1) dos mujeres que viv­en en difer­entes regiones del país y com­parten la expe­ri­en­cia de ser famil­iares de per­sonas desa­pare­ci­das 2) un grupo de niñas, niños, mujeres y hom­bres campesinos que viv­en el la rivera del río Cau­ca y que se han vis­to expuestas/os a la desapari­ción de per­sonas en otras cir­cun­stan­cias y for­mas, 3) un dúo de artis­tas quienes explo­ran los efec­tos de esta for­ma de vio­len­cia a par­tir del tra­ba­jo par­tic­i­pa­ti­vo con la comu­nidad de la rivera del río Cau­ca, y 4) un antropól­o­go forense y una médi­ca forense que trabajan/trabajaron para enti­dades estatales. Estas per­sonas no cor­re­spon­den a una selec­ción con­scien­te­mente delib­er­a­da de mi parte (como inves­ti­gado­ra), y muchos menos arbi­traria. Por el con­trario, esta red ante todo afec­ti­va, responde a un diál­o­go que evolu­cionó a través de intere­ses comunes y dio paso a un grupo trans­gen­era­cional con expe­ri­en­cias, per­spec­ti­vas e his­to­rias muy diversas.

¿Cómo nos encontramos?

Como parte de la nat­u­raleza de este tipo de inves­ti­ga­ciones conocí a estas per­sonas gra­cias a algu­na ami­ga, ami­go o famil­iar que me puso en con­tac­to con ellas/os —en con­tex­tos alta­mente vul­ner­a­bles y expuestos a la vio­len­cia; donde las per­sonas no se sien­ten seguras de hablar abier­ta­mente al respec­to. En algunos casos, nue­stro encuen­tro se hizo posi­ble gra­cias a una pequeña red de con­fi­an­za que derivó de un proyec­to ante­ri­or. Durante y después de los recor­ri­dos por Villav­i­cen­cio, Bel­trán, Bogotá y Medel­lín, espon­tánea­mente fueron toman­do rel­e­van­cia, con­tinuidad y pro­fun­di­dad, las expe­ri­en­cias de seis per­sonas: Martha, Adri­ana, les niñes de Bel­trán, Jaime, María Inés, Yor­la­dy y Gabriel. Si existe algu­na lóg­i­ca o cor­re­spon­den­cia en este grupo, podría enten­der­se a par­tir de la idea de lo com­ple­men­tario. Por un lado, están quienes bus­can y esper­an a sus famil­iares desa­pare­cides, y por el otro, quienes se rela­cio­nan con este fenó­meno en otras cir­cun­stan­cias a par­tir del encuen­tro y rescate de cuer­pos de per­sonas no iden­ti­fi­cadas, labores de iden­ti­fi­cación humana (genéti­ca) y pro­ce­sos artís­ti­cos comu­ni­tar­ios (rela­ciona­dos con la desapari­ción de personas). 

En cuan­to a las otras per­sonas pre­sen­tadas aquí, el reconocimien­to que hago responde a que con ellas tuve la opor­tu­nidad de tra­ba­jar a pro­fun­di­dad y por un perío­do de tiem­po más pro­lon­ga­do. En otros casos y con otras per­sonas, decidí no seguir en con­tac­to o sim­ple­mente no logramos lle­var a cabo ningún encuentro. 

Esta red de tra­ba­jo y afec­tos tam­bién incluye a las per­sonas que no están local­izadas en Colom­bia y que han sido fun­da­men­tales en este pro­ce­so: Eduar­do Jorge de Oliveira y Andrea Botero, mis guías y super­vi­sores académi­cos; mis com­pañeras de inves­ti­gación, Iris y Clara; a mi famil­ia exten­di­da en Suiza, quienes me han dado amor, feli­ci­dad y apoyo en muchos sen­ti­dos: Amsél, Zeynep, Felipe, Car­la, Nas­ta­sia, Adri­ana, Jose, Pas­cal, Palo­ma, Sara, Gabi, Ken­za, Vin­cent y Malte. Tam­bién me parece impor­tante man­i­fes­tar mi agradec­imien­to a quienes por diver­sas cir­cun­stan­cias, situa­ciones y pro­fun­das difer­en­cias, ya no me acom­pañan (y deci­do no nom­brar­les directamente). 

A todes, muchas gra­cias por estar pre­sentes en mi vida y en el com­ple­jo pro­ce­so de hac­er­nos pre­gun­tas e inves­ti­gar sin sep­a­rarnos de los afec­tos y el cuidado.

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Metodología

Descrip­ción: Grupo de niñes, dos per­sonas adul­tas y dos per­ros al lado de un río. Bel­trán, Colom­bia, 2019

Este proyec­to ini­ció con tres estancias de inves­ti­gación en Colom­bia planeadas para ocur­rir en los primeros tres años de inves­ti­gación. Cua­tro meses después de mudarme a Zúrich, hice mi primer via­je muy inqui­eta. Sin duda, era el anun­cio de un conflicto:

¿cómo regre­sar a un con­tex­to tan famil­iar des­de un lugar difer­ente como inves­ti­gado­ra (académi­ca)?

¿Qué sig­nifi­ca­ba eso y qué efec­tos tenía en las per­sonas alrede­dor, en mi y en el proyecto?

Durante los primeros meses man­tuve un vín­cu­lo acti­vo de comu­ni­cación a dis­tan­cia prin­ci­pal­mente a través de What­sapp con algu­nas de las per­sonas en Colom­bia. Era la primera vez que usa­ba este medio como platafor­ma de inves­ti­gación, y en algunos casos, úni­ca vía de comu­ni­cación. For­mu­la­do de otra man­era, era la primera vez que este espa­cio trascendía y trans­gredía las con­ver­sa­ciones ínti­mas y per­son­ales, dan­do paso a la reg­u­lar­i­dad e inten­cional­i­dad que con­ll­e­va la inves­ti­gación. Este canal nos per­mi­tió habil­i­tar el espa­cio en el que surgieron vín­cu­los de cer­canía y con­fi­an­za, con­se­cuente­mente con la propia inves­ti­gación. En este sen­ti­do, con­sidero este inter-espa­cio como un espa­cio situ­a­do en el que surgieron pre­gun­tas, emo­ciones y todo aque­l­lo que com­pu­so nue­stros diál­o­gos cir­cun­stan­ciales des­de lugares dis­ímiles. Un espa­cio ali­men­ta­do de un reper­to­rio de pal­abras y gestos para-tex­tuales como emo­jis, notas de voz, lla­madas, fotografías y videos que nos per­mi­tieron com­par­tir nues­tras nar­ra­ti­vas cotid­i­anas: mi vida como estu­di­ante doc­tor­al en Suiza, y los difer­entes mat­ices de las vidas de quienes me acom­pañan desde/en difer­entes lugares de Colombia.

Pre­gun­tas incómodas

Durante el ter­cer año de mi doc­tor­a­do leí un libro sobre el espa­cio vivi­do e imag­i­na­do en los lugares de vio­len­cia estatal en Tucumán, Argenti­na. En una de las primeras pági­nas, Pamela Colom­bo su auto­ra, reflex­iona sobre los encuen­tros y las entre­vis­tas con las per­sonas con quienes tra­ba­jó allí. Las pal­abras de Pamela Colom­bo y las de su inter­locu­to­ra me con­frontaron con la ambiva­len­cia que hay entre lo dicho y lo escrito, y la dis­tan­cia implíci­ta. Sin duda, este frag­men­to me per­mi­tió reen­con­trarme con mis miedos y las dudas latentes cuan­do se abor­da un fenómeno/tema que ya es en sí com­ple­jo emo­cional­mente, des­de la per­spec­ti­va sub­je­ti­va de quienes han sido afec­tadas por él. 

Hay una gran com­ple­ji­dad éti­ca y emo­cional al hac­er pre­gun­tas, al acti­var memo­rias y emo­ciones en las con­ver­sa­ciones. No en vano, los momen­tos de reflex­ión, estancamien­to, deci­siones y cam­bios rela­ciona­dos con lo que esta­ba hacien­do, cómo lo esta­ba hacien­do y los efec­tos que tenía en otras per­sonas y en mi, coin­ci­den con los momen­tos en los que fui con­fronta­da en Colom­bia con pre­gun­tas como estas: 

¿Qué puede hac­er el arte por mí? 

Como artista ¿qué puede hac­er ust­ed con lo que le estoy con­tan­do? ¿de qué for­ma va a usarlo? 

¿Cómo nos vamos a ver ben­e­fi­ci­a­dos de eso? 

¿Cómo sé que ust­ed no es como las otras per­sonas que vienen toman nues­tras his­to­rias y se las lle­van con sus proyectos? 

¿Cómo podemos con­tin­uar este diál­o­go? ¿podemos hac­er más cosas juntas?

Al mis­mo tiem­po que leí a Pamela Colom­bo, una gran ami­ga antropólo­ga y una de las per­sonas que más apoyo me ha dado en este proyec­to —a pesar de nues­tras dis­tan­cias— Maria Fer­nan­da Olarte, me recomendó el libro: The Vul­ner­a­ble Observ­er. Un libro escrito por Ruth Behar, una antropólo­ga que real­izó una inves­ti­gación auto-etno­grá­fi­ca sobre la muerte en el pueblo natal de su mamá. En las primeras pági­nas escribió: Mi deu­da con aque­l­los que me per­mi­tieron entrar en sus vidas, sabi­en­do que escribiría sobre ellos, nun­ca será com­ple­ta­mente paga­da. No puedo, nun­ca, hac­erme lo sufi­cien­te­mente vul­ner­a­ble (mi tra­duc­ción, Behar Ruth, 1996, pXI)

Ambas per­spec­ti­vas y reflex­iones críti­cas res­onaron inten­sa­mente con las expe­ri­en­cias de las per­sonas con quienes tra­ba­jo, y con mi expe­ri­en­cia como mujer e inves­ti­gado­ra. Pamela Colom­bo reconoce y hon­ra la humil­dad de las pal­abras escritas y de lo nar­ra­do. Esta es su respues­ta a las pre­gun­tas que le hicieron. Mien­tras tan­to, Ruth Behar reconoce y nom­bra una imposi­bil­i­dad: No es posi­ble hac­erse lo sufi­cien­te­mente vul­ner­a­ble (Behar, 1996, pXI). Es lo que que­da al atrav­es­ar el umbral de las expe­ri­en­cias aje­nas. En ambos casos, como en el mío, se habil­i­tan espa­cios de escucha y res­o­nan­cia, que con­ll­e­van pro­ce­sos de interpretación/traducción y ampli­fi­cación de las pal­abras, las tex­turas y las memo­rias. A par­tir de mi expe­ri­en­cia inter­sec­cional y la de quienes me acom­pañan, he ido delim­i­tan­do un mar­co de tra­ba­jo que con­sid­era y da rel­e­van­cia a las condi­ciones de pro­tec­ción y cuida­do tan­to de mi mis­ma como de elles. Una for­ma de cor­re­spon­der a todas esas pre­gun­tas a par­tir de un ejer­ci­cio con­sciente y de reconocimien­to de las dinámi­cas de poder implíc­i­tas en nue­stros inter­cam­bios. En el ejer­ci­cio de escucha de quienes par­tic­i­pamos; así como en el de res­o­nan­cia y tra­duc­ción, se da otro inter­cam­bio —me refiero a la inter­pretación, escrit­u­ra y lec­tura—. Tam­bién en la for­ma que quienes par­tic­i­pamos en el proyec­to, nos expon­er­nos e involu­crar­mos. Quien se abre y habla de sus expe­ri­en­cias, así como quien escucha y escribe, se desplazan a un lugar en el que se com­parten y se ampli­f­i­can. Con­sidero que solo a par­tir de un diál­o­go con­sciente, cuida­doso y críti­co es que puedo habil­i­tar una cor­re­spon­den­cia con esas necesi­dades. Un diál­o­go que con­sidere de for­ma inter­sec­cional a cada per­sona involu­cra­da, y que reconoz­ca las ten­siones, jer­ar­quías y los silen­cios latentes en este tipo de inter­cam­bios. Lo que inten­to plantear es una for­ma de encuen­tro fun­da­da en el com­pro­miso de hac­erse vul­ner­a­ble. Es decir, de expon­erse a par­tir de la escucha, la val­i­dación de las expe­ri­en­cias de otras per­sonas, y la aceptación de otros significados/sentidos sobre la vida, la muerte, el due­lo, la búsque­da y la espera. A par­tir de una escucha aten­ta, con­sciente y respon­s­able, es posi­ble lle­gar a for­mu­lar no sólo nuevas pre­gun­tas sino pre­gun­tas más incó­modas y desafi­antes. En este sen­ti­do, entien­do la investigación/creación como un diál­o­go crítico/colaborativo que bus­ca cues­tionarse y rein­ven­tarse a través de com­pro­miso éti­co, emo­cional y político.

La deri­va como método

Inves­ti­gar sobre la vio­len­cia y sus efec­tos, inves­ti­gar en con­tex­tos donde la vio­len­cia es vigente, e inves­ti­gar colab­o­ra­ti­va­mente en lugares y con per­sonas afec­tadas por for­mas diver­sas de vio­len­cia (vigentes), son todos pro­ce­sos muy difer­entes. Inves­ti­gar supone una inten­ción y moti­vación, así como condi­ciones y fil­tros (dis­ci­plinas) des­de donde aproximarse. 

Pien­so en la deri­va como una for­ma de tran­si­tar y prác­ticar la inves­ti­gación, y tam­bién como la for­ma de asumir y nave­g­ar los desvíos. En lo intu­iti­vo de mi aprox­i­mación había ingenuidad y con­fusión, no porque careciera de un mar­co metodológi­co sino porque ante todo esta­ba exce­di­da de emo­ciones, medios y mate­ri­ales: chats, fotografías, sonidos, y por el tiem­po y la dis­tan­cia que nos trascendían. Una for­ma de inves­ti­gación que nece­sita­ba repen­sarse a través de una serie de con­flic­tos rela­ciona­dos con la escala, la per­spec­ti­va y la intensidad:

¿Cómo me acerco?¿cómo me alejo?¿dónde me ubico?¿Cómo actúo?¿Cómo interpreto?¿Cómo ges­tiono y traduz­co todo lo implíc­i­to en este proyecto?¿Qué hace que sea colab­o­ra­ti­vo? y si ocurre ¿cómo ocurre?

Para inten­tar respon­der estas pre­gun­tas se me ocur­rió una idea viable y muy sen­cil­la: debía com­par­tir el proyec­to con todas las per­sonas que pudiera y si me era posi­ble, debía hac­er­lo de man­era difer­ente con cada una. A veces cam­bi­a­ba el orden de los temas o inten­cional­mente omitía la pal­abra vio­len­cia o desapari­ción forza­da. Otras veces me enfo­qué en hablar de la relación de los ríos con el con­flic­to arma­do. Y luego decidí com­par­tir­lo des­de la per­spec­ti­va de los vín­cu­los, las per­sonas vin­cu­ladas y lo que hacíamos en nue­stros encuen­tros. Esta últi­ma inten­ción, me per­mi­tió enten­der que en la coyun­tu­ra entre el acom­pañarnos, hac­er­nos pre­gun­tas y hac­er cosas juntas/os, esta­ba la clave del proyec­to y cómo lo estábamos haciendo.

Estudié artes visuales y dis­eño, y me aprox­i­mo a este proyec­to des­de un aban­i­co híbri­do en el que con­ver­gen la inves­ti­gación cual­i­ta­ti­va, artís­ti­ca, fem­i­nista, decolo­nial y trans­dis­ci­pli­nar. Para expon­er mejor la for­ma en qué fueron con­vergien­do los hilos y her­ramien­tas metodológ­i­cas de este proyec­to, me es nece­sario men­cionar las difer­entes pre­gun­tas, sug­eren­cias y críti­cas con­struc­ti­vas que recibí y cómo me ayu­daron en el pro­ce­so. Por ejem­p­lo, cuan­do me refer­ía al proyec­to des­de un enfoque en la for­ma de vio­len­cia por la que indaga­ba, me pre­gun­taron: ¿eres his­to­ri­ado­ra o socióloga?¿con qué mate­ri­ales trabajas?¿fuentes pri­marias o secun­darias? Cuan­do me referí a quienes me acom­paña­ban: ¿eres antropólo­ga? porque tu tra­ba­jo es muy etno­grá­fi­co. Cuan­do men­cioné cómo la prác­ti­ca artís­ti­ca de otras per­sonas era rel­e­vante para esta inves­ti­gación, me pre­gunt­a­ban: ¿tu proyec­to es de estu­dios culturales?¿A qué artis­tas anal­izas y cómo lo haces? Después de dar muchas vueltas a estas pre­gun­tas y al sen­tir que las respues­tas me per­mitían encon­trar lo que bus­ca­ba, decidí abor­dar­las de man­era difer­ente y en lugar de respues­tas, encon­tré otras pre­gun­tas más acer­tadas y con­cientes ¿Qué es lo que no tiene este proyecto?¿Qué es lo que no me intere­sa y/o lo que no estoy buscando? 

Mi inten­ción no es for­mu­lar con­clu­siones relevantes/grandilocuentes sobre la desapari­ción de per­sonas, el con­flic­to arma­do en Colom­bia, y la com­ple­ja situación de los ríos (en relación con lo ante­ri­or). Más que ali­men­tar lo dicho sobre este fenó­meno y estos temas—que es muy amplio y ya ha sido abor­da­do des­de varias dis­ci­plinas y por varies autores (Picault, Uribe, Suaréz, Dieguéz, etc), lo que real­mente me intere­sa explo­rar es la man­era en la que me aprox­i­mo y bus­co prop­i­ciar de man­era colab­o­ra­ti­va, situa­ciones y espa­cios de diál­o­go en con­tex­tos de alta vul­ner­a­bil­i­dad emo­cional, social e históri­ca. Coin­ci­den­te­mente, esta inves­ti­gación responde a una pro­fun­da moti­vación per­son­al por explo­rar las difer­entes for­mas de búsque­da, recuer­do, resisten­cia y encuen­tros espec­u­la­tivos de un grupo de per­sonas que se han vis­to expues­tas y afec­tadas por la desapari­ción forza­da en Colom­bia: ¿Cómo bus­can y esper­an? ¿Cómo con­viv­en en estos espacios?¿Cómo se rela­cio­nan con el agua y los ríos?¿Cómo recuerdan?¿cómo aparecen/intervienen los ríos en su vida y experiencias?¿Qué tipo de rela­ciones mate­ri­ales y sim­bóli­cas surgen?¿qué for­mas alter­na­ti­vas de encuen­tro pueden emerg­er allí y a par­tir de qué gestos?

Abor­do estas pre­gun­tas des­de un enfoque fem­i­nista, decolo­nial, inter­sec­cional, y tran­dis­ci­pli­nar dan­do rel­e­van­cia a las difer­entes condi­ciones, necesi­dades y rela­ciones que sur­gen el pro­ce­so de inves­ti­gar. Fem­i­nista porque par­to de una pos­tu­ra éti­ca y políti­ca que reconoce el cuida­do y el respeto condi­ciones cen­trales de la prác­ti­ca de investigación/creación. Decolo­nial porque bus­co sub­ver­tir las prác­ti­cas hegemóni­cas de inves­ti­gación a par­tir de la creación de méto­dos más con­scientes, cuida­dosos, com­pro­meti­dos y colab­o­ra­tivos. Me intere­sa habil­i­tar inter­cam­bios y situa­ciones epis­te­mológ­i­cas colec­ti­vas a través de la vin­cu­lar­i­dad como for­ma alter­na­ti­va de encuen­tro e inves­ti­gación. Inter­sec­cional porque reci­bo y vali­do las expe­ri­en­cias situ­adas de quienes me acom­pañan des­de difer­entes enfo­ques (el de género, la condi­ción de víc­ti­ma del con­flic­to arma­do, el de grupo étni­co, etc). Es trans­dis­ci­pli­nar porque como espa­cio epistémi­co de explo­ración colec­ti­va este proyec­to con­sid­era dis­tin­tas for­mas de pen­sar, dis­ci­plinas y aprox­i­ma­ciones, así como difer­entes for­matos que oscilan en el espec­tro de la prác­ti­ca artís­ti­ca, el pen­samien­to de dis­eño, y las metodologías etno­grá­fi­cas. Me intere­sa crear metodologías situ­adas que per­mi­tan entablar diál­o­gos colab­o­ra­tivos, cuida­dosos y emo­cional­mente com­pro­meti­dos en con­tex­tos complejos. 

A través de la explo­ración de la desapari­ción forza­da de per­sonas como moti­vación ini­cial, logre avan­zar y con el tiem­po, dilu­ci­dar de qué real­mente va este proyec­to. No fue un camino líneal que me lle­vara del qué al cómo. Más bien ha sido del por qué al qué, del dónde al cómo, y de con quiénes al a hac­er qué (cosas). En otras pal­abras, fue a par­tir de mi inda­gación sobre cómo algu­nas per­sonas y comu­nidades habi­tan la expe­ri­en­cia de desapari­ción forza­da y de otras vio­len­cias vis­i­bles en el espa­cio, que se fue vis­lum­bran­do la esen­cia de este proyec­to: el que­hac­er cre­ati­vo como resisten­cia colec­ti­va y for­ma de éti­ca de hac­er pre­gun­tas e inves­ti­gar. Al abor­dar temas y fenó­menos den­sos y car­ga­dos de reper­cu­siones emo­cionales y sig­nifi­ca­dos, inves­ti­gar requiere de un nue­vo mar­co de aprox­i­mación, nuevas pre­gun­tas, com­pro­misos y por supuesto, ries­gos. Es decir, hac­erse vul­ner­a­bles, prác­ticar la sol­i­dari­dad epistémi­ca a par­tir de lengua­jes com­par­tidos, y la aper­tu­ra a otras for­mas de inves­ti­gar que vienen des­de el conocimien­to local, expe­ri­en­cial y empírico). 

Entien­do la prác­ti­ca artís­ti­ca como una herramienta/forma de creación de situa­ciones de diál­o­go e inter­cam­bio en las que elab­o­ramos pre­gun­tas de man­era colec­ti­va. Con esta apues­ta, me intere­sa entablar diál­o­gos a través de lengua­jes comunes, gestos cotid­i­anos y mate­ri­ales diver­sos que nos per­mi­tan aprox­i­marnos por medio de situa­ciones no solo cotid­i­anas sino menos opre­si­vas y dis­pares como cam­i­nar, coci­nar, hablar (por telé­fono), dibu­jar, recolec­tar obje­tos, amasar bar­ro, bor­dar y leer en voz alta.

Sobre el proyecto

Descrip­ción: Fotografía de una monte (con sel­va) y un río cau­daloso. Río Cau­ca, Ris­ar­al­da, Colom­bia 2020

En Julio de 2017 me mudé a Zurich para empezar una inves­ti­gación doc­tor­al, Encuen­tros en el río: Des/aparición, memo­ria, agua y otras for­mas de encuen­tro en Colom­bia —voy por la déci­ma ver­sión del títu­lo—. Con mi lle­ga­da a Zúrich y el ini­cio del doc­tor­a­do —primero en el Roman­is­ches Sem­i­nar y más ade­lante en el depar­ta­men­to de Análi­sis Cul­tur­al—, me invadieron el miedo y las dudas. Aque­l­las rela­cionadas con mi for­ma de tra­ba­jo, y la (in)disciplina que car­ac­ter­i­za mis explo­raciones. Encon­trarme fuera de mi con­tex­to famil­iar, afec­ti­vo e ínti­mo, al mis­mo tiem­po que alien­a­da académi­ca y pro­fe­sion­al­mente, deter­mi­naron de for­ma rad­i­cal mi expe­ri­en­cia y el desar­rol­lo de este proyecto. 

Al empren­der este desplaza­mien­to, me dis­tan­cié no solo geográ­fi­ca y físi­ca­mente de las per­sonas con quienes tra­ba­ja­ba, sino tam­bién emo­cional­mente. Esta dis­tan­cia tuvo efec­tos múlti­ples. Por un lado en las per­sonas del equipo (en Colom­bia), y tam­bién en mi expe­ri­en­cia per­son­al y mi pro­ce­so de inves­ti­gación. En este blog les invi­to a recor­rer mi expe­ri­en­cia (colec­ti­va) de investigación/creación a par­tir de la red afec­ti­va y de per­sonas que la ali­men­tan, las secciones/contextos que abor­damos, y las difer­entes metodologías que desarrollamos.

Sobre el proyecto

En Colom­bia, el agua con­figu­ra y es lugar de pro­fun­das trans­for­ma­ciones geográ­fi­cas, históri­c­as, mate­ri­ales, sociales, y emo­cionales. En el caso de las per­sonas que viv­en cer­ca de algún río, el agua es un ele­men­to con­sti­tuyente en sus vidas: les cir­cun­da definien­do el ter­ri­to­rio, les provee de ben­efi­cios y tam­bién de ries­gos, miedos y ame­nazas. De otras man­eras y con otros sig­nifi­ca­dos, el agua tam­bién está pre­sente en la vida de quienes han sido afectadas/os por la desapari­ción forza­da de sus seres queri­dos. En ambos casos, tan­to el agua como el río rea­pare­cen y toman nuevas for­mas y sen­ti­dos a través de prác­ti­cas y man­i­festa­ciones que posi­bil­i­tan otras rela­ciones con la ausen­cia y el pasa­do ya que per­miten imag­i­nar for­mas alter­na­ti­vas de encuentro.

En Colom­bia los ríos han sido el lugar de diver­sas expre­siones de vio­len­cia, despo­jo, dese­chos, y prác­ti­cas extrac­ti­vas1. Tras el pro­ce­so de desmov­i­lización para­mil­i­tar Jus­ti­cia y Paz, se dio a cono­cer que cien­tos de ríos y sus oril­las fueron uti­lizadas para arro­jar o enter­rar a per­sonas asesinadas y desa­pare­ci­das. Una déca­da después, en medio de las nego­cia­ciones del acuer­do de paz con las FARC-EP (2016-), se recono­ció con­sti­tu­cional­mente al río Mag­dale­na como suje­to de dere­chos —el primero de cin­co ríos en obten­er este tipo de reconocimien­to. Actual­mente varias insti­tu­ciones guber­na­men­tales y no guber­na­men­tales se han man­i­fes­ta­do sobre la urgen­cia de pro­tec­ción de algunos ríos, zonas donde se han con­struí­do hidroeléc­tri­c­as, cemente­rios, minas, basureros, esteros y manglares, que han sido usa­dos para enter­rar o aban­donar los cuer­pos de per­sonas desa­pare­ci­das. Según cifras polémi­cas, des­de 1958 han sido desa­pare­ci­das de man­era forza­da aprox­i­mada­mente 82.000 per­sonas en Colom­bia y se cal­cu­la que al menos 1000 de estas per­sonas han sido arro­jadas en al menos 190 ríos.

Por medio de una aprox­i­mación situ­a­da, trans­dis­ci­pli­nar, colab­o­ra­ti­va y emo­cional­mente com­pro­meti­da, exploro las for­mas diver­sas en las que un grupo de per­sonas dotan de nuevos sen­ti­dos a la vida, la muerte y la ausen­cia a través de expre­siones mate­ri­ales y sim­bóli­cas pro­fun­da­mente enlazadas con las difer­entes man­i­festa­ciones del agua: ríos, que­bradas, llu­via, goteras, húmedad y hon­gos. Mi prop­ues­ta reúne a dos mujeres famil­iares de per­sonas desa­pare­ci­das y a una comu­nidad ribereña del río Cau­ca, para explo­rar las for­mas en las que el agua y la des/aparición con­fluyen y trans­for­man mate­r­i­al y sim­bóli­ca­mente los espa­cios, las vidas, las prác­ti­cas y los cuer­pos de estas per­sonas. A través de una serie de ejer­ci­cios de escrit­u­ra, dibu­jo, fotografía y gestos cotid­i­anos como cam­i­nar y coci­nar juntes, prop­i­ci­amos espa­cios de cuida­do, con­fi­an­za, escucha y creación colec­ti­va. En este pro­ce­so tam­bién par­tic­i­pan otras voces des­de las expe­ri­en­cias de dos artis­tas locales, un geól­o­go, un antropól­o­go y una médi­ca forense. En defin­i­ti­va, en este proyec­to inda­go en cómo las prác­ti­cas locales y gestos cotid­i­anos per­miten resig­nificar lo que ha sido afec­ta­do por la vio­len­cia, y cómo el agua no es solo un ele­men­to con­sti­tuyente de estas expe­ri­en­cias sub­je­ti­vas sino tam­bién, un medio a través del cual prop­i­ciar otras for­mas de encuentro.

  1. Como la min­ería de oro y de mate­ri­ales para construcción.
Descrip­ción: Hom­bre pescador soste­nien­do una atar­raya con un pez medi­ano. Fotografía toma­da en el Río Cau­ca, Colom­bia, 2019.