Descrip­ción: Fotografía de una monte (con sel­va) y un río cau­daloso. Río Cau­ca, Ris­ar­al­da, Colom­bia 2020

En Julio de 2017 me mudé a Zurich para empezar una inves­ti­gación doc­tor­al, Encuen­tros en el río: Des/aparición, memo­ria, agua y otras for­mas de encuen­tro en Colom­bia —voy por la déci­ma ver­sión del títu­lo—. Con mi lle­ga­da a Zúrich y el ini­cio del doc­tor­a­do —primero en el Roman­is­ches Sem­i­nar y más ade­lante en el depar­ta­men­to de Análi­sis Cul­tur­al—, me invadieron el miedo y las dudas. Aque­l­las rela­cionadas con mi for­ma de tra­ba­jo, y la (in)disciplina que car­ac­ter­i­za mis explo­raciones. Encon­trarme fuera de mi con­tex­to famil­iar, afec­ti­vo e ínti­mo, al mis­mo tiem­po que alien­a­da académi­ca y pro­fe­sion­al­mente, deter­mi­naron de for­ma rad­i­cal mi expe­ri­en­cia y el desar­rol­lo de este proyecto. 

Al empren­der este desplaza­mien­to, me dis­tan­cié no solo geográ­fi­ca y físi­ca­mente de las per­sonas con quienes tra­ba­ja­ba, sino tam­bién emo­cional­mente. Esta dis­tan­cia tuvo efec­tos múlti­ples. Por un lado en las per­sonas del equipo (en Colom­bia), y tam­bién en mi expe­ri­en­cia per­son­al y mi pro­ce­so de inves­ti­gación. En este blog les invi­to a recor­rer mi expe­ri­en­cia (colec­ti­va) de investigación/creación a par­tir de la red afec­ti­va y de per­sonas que la ali­men­tan, las secciones/contextos que abor­damos, y las difer­entes metodologías que desarrollamos.

Sobre el proyecto

En Colom­bia, el agua con­figu­ra y es lugar de pro­fun­das trans­for­ma­ciones geográ­fi­cas, históri­c­as, mate­ri­ales, sociales, y emo­cionales. En el caso de las per­sonas que viv­en cer­ca de algún río, el agua es un ele­men­to con­sti­tuyente en sus vidas: les cir­cun­da definien­do el ter­ri­to­rio, les provee de ben­efi­cios y tam­bién de ries­gos, miedos y ame­nazas. De otras man­eras y con otros sig­nifi­ca­dos, el agua tam­bién está pre­sente en la vida de quienes han sido afectadas/os por la desapari­ción forza­da de sus seres queri­dos. En ambos casos, tan­to el agua como el río rea­pare­cen y toman nuevas for­mas y sen­ti­dos a través de prác­ti­cas y man­i­festa­ciones que posi­bil­i­tan otras rela­ciones con la ausen­cia y el pasa­do ya que per­miten imag­i­nar for­mas alter­na­ti­vas de encuentro.

En Colom­bia los ríos han sido el lugar de diver­sas expre­siones de vio­len­cia, despo­jo, dese­chos, y prác­ti­cas extrac­ti­vas1. Tras el pro­ce­so de desmov­i­lización para­mil­i­tar Jus­ti­cia y Paz, se dio a cono­cer que cien­tos de ríos y sus oril­las fueron uti­lizadas para arro­jar o enter­rar a per­sonas asesinadas y desa­pare­ci­das. Una déca­da después, en medio de las nego­cia­ciones del acuer­do de paz con las FARC-EP (2016-), se recono­ció con­sti­tu­cional­mente al río Mag­dale­na como suje­to de dere­chos —el primero de cin­co ríos en obten­er este tipo de reconocimien­to. Actual­mente varias insti­tu­ciones guber­na­men­tales y no guber­na­men­tales se han man­i­fes­ta­do sobre la urgen­cia de pro­tec­ción de algunos ríos, zonas donde se han con­struí­do hidroeléc­tri­c­as, cemente­rios, minas, basureros, esteros y manglares, que han sido usa­dos para enter­rar o aban­donar los cuer­pos de per­sonas desa­pare­ci­das. Según cifras polémi­cas, des­de 1958 han sido desa­pare­ci­das de man­era forza­da aprox­i­mada­mente 82.000 per­sonas en Colom­bia y se cal­cu­la que al menos 1000 de estas per­sonas han sido arro­jadas en al menos 190 ríos.

Por medio de una aprox­i­mación situ­a­da, trans­dis­ci­pli­nar, colab­o­ra­ti­va y emo­cional­mente com­pro­meti­da, exploro las for­mas diver­sas en las que un grupo de per­sonas dotan de nuevos sen­ti­dos a la vida, la muerte y la ausen­cia a través de expre­siones mate­ri­ales y sim­bóli­cas pro­fun­da­mente enlazadas con las difer­entes man­i­festa­ciones del agua: ríos, que­bradas, llu­via, goteras, húmedad y hon­gos. Mi prop­ues­ta reúne a dos mujeres famil­iares de per­sonas desa­pare­ci­das y a una comu­nidad ribereña del río Cau­ca, para explo­rar las for­mas en las que el agua y la des/aparición con­fluyen y trans­for­man mate­r­i­al y sim­bóli­ca­mente los espa­cios, las vidas, las prác­ti­cas y los cuer­pos de estas per­sonas. A través de una serie de ejer­ci­cios de escrit­u­ra, dibu­jo, fotografía y gestos cotid­i­anos como cam­i­nar y coci­nar juntes, prop­i­ci­amos espa­cios de cuida­do, con­fi­an­za, escucha y creación colec­ti­va. En este pro­ce­so tam­bién par­tic­i­pan otras voces des­de las expe­ri­en­cias de dos artis­tas locales, un geól­o­go, un antropól­o­go y una médi­ca forense. En defin­i­ti­va, en este proyec­to inda­go en cómo las prác­ti­cas locales y gestos cotid­i­anos per­miten resig­nificar lo que ha sido afec­ta­do por la vio­len­cia, y cómo el agua no es solo un ele­men­to con­sti­tuyente de estas expe­ri­en­cias sub­je­ti­vas sino tam­bién, un medio a través del cual prop­i­ciar otras for­mas de encuentro.

  1. Como la min­ería de oro y de mate­ri­ales para construcción.
Descrip­ción: Hom­bre pescador soste­nien­do una atar­raya con un pez medi­ano. Fotografía toma­da en el Río Cau­ca, Colom­bia, 2019.