
Quienes me acompañan en esta investigación constituyen un grupo de personas con experiencias y relaciones diferentes con la des-aparición forzada de personas en Colombia. Esta red afectiva se caracteriza por su diversidad: 1) dos mujeres que viven en diferentes regiones del país y comparten la experiencia de ser familiares de personas desaparecidas 2) un grupo de niñas, niños, mujeres y hombres campesinos que viven el la rivera del río Cauca y que se han visto expuestas/os a la desaparición de personas en otras circunstancias y formas, 3) un dúo de artistas quienes exploran los efectos de esta forma de violencia a partir del trabajo participativo con la comunidad de la rivera del río Cauca, y 4) un antropólogo forense y una médica forense que trabajan/trabajaron para entidades estatales. Estas personas no corresponden a una selección conscientemente deliberada de mi parte (como investigadora), y muchos menos arbitraria. Por el contrario, esta red ante todo afectiva, responde a un diálogo que evolucionó a través de intereses comunes y dio paso a un grupo transgeneracional con experiencias, perspectivas e historias muy diversas.
¿Cómo nos encontramos?
Como parte de la naturaleza de este tipo de investigaciones conocí a estas personas gracias a alguna amiga, amigo o familiar que me puso en contacto con ellas/os —en contextos altamente vulnerables y expuestos a la violencia; donde las personas no se sienten seguras de hablar abiertamente al respecto. En algunos casos, nuestro encuentro se hizo posible gracias a una pequeña red de confianza que derivó de un proyecto anterior. Durante y después de los recorridos por Villavicencio, Beltrán, Bogotá y Medellín, espontáneamente fueron tomando relevancia, continuidad y profundidad, las experiencias de seis personas: Martha, Adriana, les niñes de Beltrán, Jaime, María Inés, Yorlady y Gabriel. Si existe alguna lógica o correspondencia en este grupo, podría entenderse a partir de la idea de lo complementario. Por un lado, están quienes buscan y esperan a sus familiares desaparecides, y por el otro, quienes se relacionan con este fenómeno en otras circunstancias a partir del encuentro y rescate de cuerpos de personas no identificadas, labores de identificación humana (genética) y procesos artísticos comunitarios (relacionados con la desaparición de personas).
En cuanto a las otras personas presentadas aquí, el reconocimiento que hago responde a que con ellas tuve la oportunidad de trabajar a profundidad y por un período de tiempo más prolongado. En otros casos y con otras personas, decidí no seguir en contacto o simplemente no logramos llevar a cabo ningún encuentro.
Esta red de trabajo y afectos también incluye a las personas que no están localizadas en Colombia y que han sido fundamentales en este proceso: Eduardo Jorge de Oliveira y Andrea Botero, mis guías y supervisores académicos; mis compañeras de investigación, Iris y Clara; a mi familia extendida en Suiza, quienes me han dado amor, felicidad y apoyo en muchos sentidos: Amsél, Zeynep, Felipe, Carla, Nastasia, Adriana, Jose, Pascal, Paloma, Sara, Gabi, Kenza, Vincent y Malte. También me parece importante manifestar mi agradecimiento a quienes por diversas circunstancias, situaciones y profundas diferencias, ya no me acompañan (y decido no nombrarles directamente).
A todes, muchas gracias por estar presentes en mi vida y en el complejo proceso de hacernos preguntas e investigar sin separarnos de los afectos y el cuidado.