El remanso

Lo que trae y lle­va el río

Bel­trán está ubi­ca­do al lado del río Cau­ca entre las mon­tañas de Ris­ar­al­da en Colom­bia. Esta vere­da, como se con­sid­era a las pobla­ciones rurales de entre 50 y 1200 per­sonas que viv­en cer­ca de los caminos que comu­ni­can otros munici­p­ios, surgió en para­le­lo con el establec­imien­to de una de las esta­ciones y bode­gas del fer­ro­car­ril de occi­dente que iba des­de Cali has­ta Bue­naven­tu­ra en el pací­fi­co. Una ruta que recor­ría aprox­i­mada­mente 300 Km.

Des­de que esta estación dejó de recibir trenes, mer­cancías y per­sonas, con­tin­uo existien­do como un pequeño y olvi­da­do caserío. En Bel­trán viv­en aprox­i­mada­mente cin­cuen­ta famil­ias, con una escuela, una can­cha de fút­bol, una igle­sia evangéli­ca, dos tien­das, y un bal­n­eario en el lugar en el que la que­bra­da la Nona se une con el río Cau­ca. En una de las oril­las de este río, hay un reman­so. Un pun­to en el que la cor­ri­ente y el rit­mo del río baja, se hace más lento. En el reman­so, cualquier cosa que sea menos den­sa que el agua, flota y que­da atra­pa­da en un remoli­no suave: peda­zos de árboles y tron­cos de madera, envas­es de plás­ti­co, ropa, cartón, papel, en gen­er­al, dese­chos de otras ciu­dades y pueb­los que son arro­ja­dos al agua. Sin embar­go, entre la veg­etación y los dese­chos tam­bién han lle­ga­do flotan­do cien­tos de cuer­pos de per­sonas asesinadas y desa­pare­ci­das que fueron arro­jadas al río des­de otros lugares. Durante 1980 y 2006, debido a la inten­si­dad de la con­frontación arma­da entre nar­co­traf­i­cantes, para­mil­itares y guer­ril­las, fueron asesinadas en esta región al menos 5.000 per­sonas y más de 1.200 fueron desa­pare­ci­das de man­era forza­da. Una prác­ti­ca que fue reper­to­rio prin­ci­pal­mente de gru­pos para­mil­itares en varias regiones. De acuer­do al inves­ti­gador   Andrés Suárez del­Cen­tro Nacional de Memo­ria Históri­ca (CNMH)  , más de 1.080 cuer­pos de per­sonas desa­pare­ci­das han sido recu­per­a­dos en al menos 190 ríos colombianos.

El pueblo más violento de Colombia

Marsel­la es un munici­pio rodea­do por dos ríos, el río Cau­ca y el San Fran­cis­co. El río Cau­ca atraviesa casi doscien­tos munici­p­ios en su trayec­to­ria y en Bel­trán, a 11 km de Marsel­la, crea un reman­so debido al cam­bio de tem­per­atu­ra en las cor­ri­entes y a la variación de los sed­i­men­tos, que hace que todo lo que corre por el costa­do dere­cho del río se quede estanca­do ahí. Durante algunos años Marsel­la fig­uró en los primeros lugares de las estadís­ti­cas nacionales de homi­cidios debido a los cadáveres atra­pa­dos en el remoli­no de Bel­trán (  Rutas del Con­flic­to, 2019  ). Las per­sonas sin vida que lle­ga­ban flotan­do has­ta el reman­so, eran rescatadas por el cuer­po de bomberos y trasladadas por la policía has­ta Marsel­la, en donde eran iden­ti­fi­cadas y enter­radas en el cemente­rio Jesús María Estra­da. Más de cua­tro­cien­tas per­sonas se encuen­tran allí como per­sonas no iden­ti­fi­cadas (PNI), todas, rescatadas en Bel­trán tras haber sido arro­jadas al río en otros lugares.

Una de las for­mas para lle­gar a Bel­trán, es toman­do una car­retera sin pavi­men­tar que sale de Marsel­la. Un trayec­to que tar­da aprox­i­mada­mente cuarenta min­u­tos en camper­os de doble trac­ción, el tipo de trans­porte públi­co habit­u­al que resiste el com­pli­ca­do esta­do de este camino con grandes hue­cos, árboles caí­dos en la vía y cur­vas muy pro­nun­ci­adas. En tem­po­ra­da de llu­vias esta vía suele per­manecer cer­ra­da debido al lodo y a los der­rumbes que con­stan­te­mente blo­quean la vía cau­san­do prob­le­mas de trans­porte y abastec­imien­to a la comu­nidad de Beltrán.

En esta sec­ción abor­do la his­to­ria de Bel­trán y la relación que las niñas, niños, y otras  per­sonas de la comu­nidad estable­cen con el río, el pasa­do y su entorno a par­tir de cua­tro momen­tos: El libro, La ani­mera, La estación y El fuego.

La estación fantasma

Con­tex­to

Bel­trán es una pequeña población al lado del río Cau­ca, entre las mon­tañas de Ris­ar­al­da en Colom­bia. A este lugar lle­garon dos famil­ias, emplea­d­os y autori­dades encar­gadas de la estación del fer­ro­car­ril que se fundó allí. Tras su inter­rup­ción en 1980, a pesar de los inten­tos de reparación, del paso del tiem­po y de los cam­bios del niv­el de agua del río, la vía fér­rea se ha dete­ri­o­ra­do y ha sufri­do rup­turas. Y así, Bel­trán dejó de ser una estación del tren para con­tin­uar existien­do como un caserío soli­tario en el que hay una escuela, una can­cha de fút­bol, un par de tien­das, y un bal­n­eario que que­da jus­to en donde la que­bra­da la Nona y el río Cau­ca se unen. Para lle­gar allí se puede tomar la car­retera sin pavi­men­tar des­de Marsel­la, o se puede lle­gar por las vías del tren en maroni­ta, un vehícu­lo arte­sanal con ruedas de bal­len­eras y una base que en madera que es impul­sa­do por una motocicleta.

En el reman­so muchas cosas quedan atra­padas flotan­do en un remoli­no: peda­zos de árboles, tron­cos de madera, envas­es de plás­ti­co, ropa, cartón, papel, y los dese­chos que son arro­ja­dos al río en otras ciu­dades y pueb­los. Sin embar­go, entre la veg­etación y los dese­chos tam­bién han queda­do atra­pa­dos ani­males muer­tos y cien­tos de cuer­pos de per­sonas asesinadas y desa­pare­ci­das que fueron arro­jadas al río.

  • Esta zona es una de las regiones con más exten­sión de cul­tivos cafeteros
  • Vías fér­reas afec­tadas por el paso del tiem­po, y las condi­ciones del río han cau­sa­do el cierre de las esta­ciones y la inter­rup­ción del tren. Debido a esto, las famil­ias ocu­paron estas casas y aho­ra sien­ten incer­tidum­bre y miedo de ser desa­lo­ja­dos de estas vivien­das que no son de su propiedad (legal).
  • Cien­tos de cuer­pos de per­sonas asesinadas arro­jadas al río quedaron atra­pa­dos en el reman­so entre 1980–2000’s
  • Rec­ha­zo y estigma­ti­zación social por esta problemática
  • La población se encuen­tra muy cer­ca de un oleo­duc­to (Ecopetrol) y de la Hidroeléc­tri­ca la Esmer­al­da (Cal­das)
  • Comu­nidad Embera (en lo alto de la mon­taña) / Bajan a pescar al río en la noch

Río cer­canos: río Cau­ca, que­bra­da la Nona y el río Otún

Encuentros y metodología

He esta­do en dos oca­siones en este lugar. Ambas veces, acom­paña­da de Yor­la­dy y Gabriel quienes lle­van más de una déca­da de tra­ba­jo con esta comu­nidad. Mi primera estancia fue en 2018, gra­cias a la guía y gen­erosi­dad de ambas per­sonas. Nue­stro primer via­je a Bel­trán lo hici­mos a través de una vía alter­na que nos llevó has­ta un lugar lla­ma­do Estación Pereira, y luego tomamos una mar­rani­ta por la car­ril­era. Fue un via­je largo y pesa­do. Al lle­gar, fuimos con una de las famil­ias que vive en las casas de la antigua estación del tren. Ese día conocí a Natalia. Una mujer joven, madre de famil­ia, con quien Gabriel y Yor­la­dy hablaron para ges­tionar nues­tras comi­das en los dos días que estaríamos. Natalia nos guío y nos explicó algu­nas cosas sobre Bel­trán, y nos recomendó hablar con otras per­sonas para nue­stro proyecto.

En un prin­ci­pio hablé con dos pescadores, y luego gra­cias a la capaci­dad de comu­ni­cación y alcance de Natalia, hici­mos un recor­ri­do de obser­vación del río con los niños y niñas, y una sesión de dibu­jo con acuarelas. 

En 2020, regresé a Bel­trán con Yor­la­dy, Gabriel, Pablo y David —quienes via­jaron des­de Bogotá con­mi­go—, con quienes ideamos y lle­va­mos a cabo una serie de ejer­ci­cios de recor­ri­do, obser­vación, recolec­ción de mate­ri­ales, fotografía y creación de per­son­ajes con las niñas y niños de Beltrán. 

Per­sonas

Durante el tiem­po que per­manec­i­mos en Bel­trán en Enero de 2020, de for­ma intu­iti­va y orgáni­ca com­partí de man­era más cer­cana con algu­nas per­sonas de la comu­nidad: Bran­don, Natalia, Mariela y Dario. Nue­stros encuen­tros estu­vieron guia­dos por sus activi­dades cotid­i­anas, sus tiem­pos de des­can­so, sus his­to­rias famil­iares, sus expe­ri­en­cias en el río y lo que pien­san y esper­an para el futuro. Con su con­sen­timien­to reg­istré nue­stros encuen­tros en difer­entes medios: notas, video, fotografías y graba­ciones de voz.

Lo que hicimos junto con la comunidad

En 2020 nos insta­lam­os en una casa veci­na a la de Dario. Allí tuvi­mos nues­tra base para los ejer­ci­cios y talleres que desar­rol­lam­os jun­to con las niñas y niños, y otras per­sonas de la comu­nidad de Beltrán.

  • Recor­ri­do de obser­vación y recolec­ción de mate­ri­ales en la oril­la del río
  • Taller de creación y con­struc­ción de personajes
  • Taller de fotografía digital
  • Reg­istro en video y pues­ta en esce­na de los personajes
  • Con­ver­sa­ciones con mujeres

Preguntas de investigación

  • ¿Cómo se rela­cio­nan las niñas y niños de este lugar con la vida y la muerte?
  • ¿Cómo viv­en allí y cómo habi­tan sus difer­entes capas históri­c­as, espa­ciales y temporales?
  • ¿Cómo han inte­gra­do en sus vidas cotid­i­anas al río y todo lo que les provee/trae?
  • ¿Cómo se rela­ciona la comu­nidad con la mate­ri­al­i­dad de este lugar: la antigua estación, la car­ril­era, el puente y la carretera?
  • ¿Qué rep­re­sen­ta la car­ril­era y el río? ¿Cómo ambos han definido la vida de esta comunidad?
  • ¿Cómo se rela­cio­nan con el pasa­do vio­len­to y los cuer­pos que llegaron/llegan al reman­so? ¿cómo lo hacen los hom­bres? ¿cómo lo hacen las mujeres? ¿cómo lo hacen las niñas y niños?
  • Si el río y el fer­ro­car­ril son dos mun­dos y tiem­pos difer­entes, ¿de qué for­mas se habitan/ocupan?
  • ¿Cómo se rela­cio­nan las niñas y niños con la idea de futuro?
  • ¿Cómo pueden el río y la car­ril­era cam­biar su uso y su sentido?
  • ¿Sómo repen­sar la desapari­ción des­de la expe­ri­en­cia de esta comu­nidad (con las y los aparecidos)?

¿Cómo nos encontramos?

A par­tir del vín­cu­lo estable­ci­do con Yor­la­dy y Gabriel, decidi­mos hac­er otra prop­ues­ta juntes y volver a Bel­trán para tra­ba­jar con las niñas y niños. En esta opor­tu­nidad, nues­tra famil­ia de tra­ba­jo se amplio con Natalia que nos ayudó con toda la gestión y pro­duc­ción den­tro de la comu­nidad, David (artista del pan) y Pablo (artista Visu­al) quienes se unieron al equipo.

Lo que la comunidad ha hecho con otras personas

Durante los últi­mos años, la comu­nidad de Bel­trán ha par­tic­i­pa­do en difer­entes proyec­tos cul­tur­ales, artís­ti­cos, peri­odís­ti­cos y de inves­ti­gación como Mag­dale­nas por el Cau­ca, el doc­u­men­tal Los Abra­zos del Río, var­ios cor­tome­tra­jes de fic­ción y repor­ta­jes para tele­visión. En la may­oría de casos, quienes que han par­tic­i­pa­do en estos proyec­tos, quienes han sido escucha­dos y entre­vis­ta­dos han sido los hom­bres de la comu­nidad, prin­ci­pal­mente los pescadores.

En el caso de este proyec­to, lo planteamos tenien­do en cuen­ta un enfoque difer­en­cial y de género a par­tir del cual dar­le espa­cio cen­tral a las voces de niñas, niños y mujeres de la comunidad.

Acuerdos sobre nuestra colaboración

Durante nues­tra estancia en Bel­trán, varias per­sonas de la comu­nidad nos man­i­fes­taron las sigu­ientes necesi­dades y expec­ta­ti­vas en cuan­to a nue­stro vín­cu­lo futuro:

  1. Man­ten­er nue­stro vín­cu­lo de escucha y cuida­do por medio de lla­madas tele­fóni­cas y/o What­sApp. Has­ta el momen­to, ha sido posi­ble gra­cias a Natalia y su esfuer­zo por man­ten­er­nos en con­tac­to, y por actu­alizarnos cada cier­to tiem­po de lo que pasa en Beltrán.
  2. Plan­ear la ideación y con­struc­ción de un museo en algu­na de las casa de la comu­nidad, donde puedan com­par­tir y preser­var lo que hemos hecho y han hecho con otras personas.
  3. Apo­yar con recur­sos algu­nas cel­e­bra­ciones tradi­cionales para las niñas y niños, como el día de los niños y la navidad.
  4. Par­tic­i­par y ayu­dar en la búsque­da de fon­dos cuan­do se pre­sen­ten emer­gen­cias o prob­le­mas en la comu­nidad: afectación de la car­retera e inter­rup­ción del trans­porte esco­lar, med­i­c­i­nas en casos de urgen­cia, mate­ri­ales y útiles esco­lares para algunas/os niñas y niños, etc.
  5. Hac­er­los partícipes de los resul­ta­dos y difusión del proyec­to, lo cual ha sido solo posi­ble a través de encuen­tros online debido a la pan­demia de Covid 19.

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