Metodología

Descrip­ción: Grupo de niñes, dos per­sonas adul­tas y dos per­ros al lado de un río. Bel­trán, Colom­bia, 2019

Este proyec­to ini­ció con tres estancias de inves­ti­gación en Colom­bia planeadas para ocur­rir en los primeros tres años de inves­ti­gación. Cua­tro meses después de mudarme a Zúrich, hice mi primer via­je muy inqui­eta. Sin duda, era el anun­cio de un conflicto:

¿cómo regre­sar a un con­tex­to tan famil­iar des­de un lugar difer­ente como inves­ti­gado­ra (académi­ca)?

¿Qué sig­nifi­ca­ba eso y qué efec­tos tenía en las per­sonas alrede­dor, en mi y en el proyecto?

Durante los primeros meses man­tuve un vín­cu­lo acti­vo de comu­ni­cación a dis­tan­cia prin­ci­pal­mente a través de What­sapp con algu­nas de las per­sonas en Colom­bia. Era la primera vez que usa­ba este medio como platafor­ma de inves­ti­gación, y en algunos casos, úni­ca vía de comu­ni­cación. For­mu­la­do de otra man­era, era la primera vez que este espa­cio trascendía y trans­gredía las con­ver­sa­ciones ínti­mas y per­son­ales, dan­do paso a la reg­u­lar­i­dad e inten­cional­i­dad que con­ll­e­va la inves­ti­gación. Este canal nos per­mi­tió habil­i­tar el espa­cio en el que surgieron vín­cu­los de cer­canía y con­fi­an­za, con­se­cuente­mente con la propia inves­ti­gación. En este sen­ti­do, con­sidero este inter-espa­cio como un espa­cio situ­a­do en el que surgieron pre­gun­tas, emo­ciones y todo aque­l­lo que com­pu­so nue­stros diál­o­gos cir­cun­stan­ciales des­de lugares dis­ímiles. Un espa­cio ali­men­ta­do de un reper­to­rio de pal­abras y gestos para-tex­tuales como emo­jis, notas de voz, lla­madas, fotografías y videos que nos per­mi­tieron com­par­tir nues­tras nar­ra­ti­vas cotid­i­anas: mi vida como estu­di­ante doc­tor­al en Suiza, y los difer­entes mat­ices de las vidas de quienes me acom­pañan desde/en difer­entes lugares de Colombia.

Pre­gun­tas incómodas

Durante el ter­cer año de mi doc­tor­a­do leí un libro sobre el espa­cio vivi­do e imag­i­na­do en los lugares de vio­len­cia estatal en Tucumán, Argenti­na. En una de las primeras pági­nas, Pamela Colom­bo su auto­ra, reflex­iona sobre los encuen­tros y las entre­vis­tas con las per­sonas con quienes tra­ba­jó allí. Las pal­abras de Pamela Colom­bo y las de su inter­locu­to­ra me con­frontaron con la ambiva­len­cia que hay entre lo dicho y lo escrito, y la dis­tan­cia implíci­ta. Sin duda, este frag­men­to me per­mi­tió reen­con­trarme con mis miedos y las dudas latentes cuan­do se abor­da un fenómeno/tema que ya es en sí com­ple­jo emo­cional­mente, des­de la per­spec­ti­va sub­je­ti­va de quienes han sido afec­tadas por él. 

Hay una gran com­ple­ji­dad éti­ca y emo­cional al hac­er pre­gun­tas, al acti­var memo­rias y emo­ciones en las con­ver­sa­ciones. No en vano, los momen­tos de reflex­ión, estancamien­to, deci­siones y cam­bios rela­ciona­dos con lo que esta­ba hacien­do, cómo lo esta­ba hacien­do y los efec­tos que tenía en otras per­sonas y en mi, coin­ci­den con los momen­tos en los que fui con­fronta­da en Colom­bia con pre­gun­tas como estas: 

¿Qué puede hac­er el arte por mí? 

Como artista ¿qué puede hac­er ust­ed con lo que le estoy con­tan­do? ¿de qué for­ma va a usarlo? 

¿Cómo nos vamos a ver ben­e­fi­ci­a­dos de eso? 

¿Cómo sé que ust­ed no es como las otras per­sonas que vienen toman nues­tras his­to­rias y se las lle­van con sus proyectos? 

¿Cómo podemos con­tin­uar este diál­o­go? ¿podemos hac­er más cosas juntas?

Al mis­mo tiem­po que leí a Pamela Colom­bo, una gran ami­ga antropólo­ga y una de las per­sonas que más apoyo me ha dado en este proyec­to —a pesar de nues­tras dis­tan­cias— Maria Fer­nan­da Olarte, me recomendó el libro: The Vul­ner­a­ble Observ­er. Un libro escrito por Ruth Behar, una antropólo­ga que real­izó una inves­ti­gación auto-etno­grá­fi­ca sobre la muerte en el pueblo natal de su mamá. En las primeras pági­nas escribió: Mi deu­da con aque­l­los que me per­mi­tieron entrar en sus vidas, sabi­en­do que escribiría sobre ellos, nun­ca será com­ple­ta­mente paga­da. No puedo, nun­ca, hac­erme lo sufi­cien­te­mente vul­ner­a­ble (mi tra­duc­ción, Behar Ruth, 1996, pXI)

Ambas per­spec­ti­vas y reflex­iones críti­cas res­onaron inten­sa­mente con las expe­ri­en­cias de las per­sonas con quienes tra­ba­jo, y con mi expe­ri­en­cia como mujer e inves­ti­gado­ra. Pamela Colom­bo reconoce y hon­ra la humil­dad de las pal­abras escritas y de lo nar­ra­do. Esta es su respues­ta a las pre­gun­tas que le hicieron. Mien­tras tan­to, Ruth Behar reconoce y nom­bra una imposi­bil­i­dad: No es posi­ble hac­erse lo sufi­cien­te­mente vul­ner­a­ble (Behar, 1996, pXI). Es lo que que­da al atrav­es­ar el umbral de las expe­ri­en­cias aje­nas. En ambos casos, como en el mío, se habil­i­tan espa­cios de escucha y res­o­nan­cia, que con­ll­e­van pro­ce­sos de interpretación/traducción y ampli­fi­cación de las pal­abras, las tex­turas y las memo­rias. A par­tir de mi expe­ri­en­cia inter­sec­cional y la de quienes me acom­pañan, he ido delim­i­tan­do un mar­co de tra­ba­jo que con­sid­era y da rel­e­van­cia a las condi­ciones de pro­tec­ción y cuida­do tan­to de mi mis­ma como de elles. Una for­ma de cor­re­spon­der a todas esas pre­gun­tas a par­tir de un ejer­ci­cio con­sciente y de reconocimien­to de las dinámi­cas de poder implíc­i­tas en nue­stros inter­cam­bios. En el ejer­ci­cio de escucha de quienes par­tic­i­pamos; así como en el de res­o­nan­cia y tra­duc­ción, se da otro inter­cam­bio —me refiero a la inter­pretación, escrit­u­ra y lec­tura—. Tam­bién en la for­ma que quienes par­tic­i­pamos en el proyec­to, nos expon­er­nos e involu­crar­mos. Quien se abre y habla de sus expe­ri­en­cias, así como quien escucha y escribe, se desplazan a un lugar en el que se com­parten y se ampli­f­i­can. Con­sidero que solo a par­tir de un diál­o­go con­sciente, cuida­doso y críti­co es que puedo habil­i­tar una cor­re­spon­den­cia con esas necesi­dades. Un diál­o­go que con­sidere de for­ma inter­sec­cional a cada per­sona involu­cra­da, y que reconoz­ca las ten­siones, jer­ar­quías y los silen­cios latentes en este tipo de inter­cam­bios. Lo que inten­to plantear es una for­ma de encuen­tro fun­da­da en el com­pro­miso de hac­erse vul­ner­a­ble. Es decir, de expon­erse a par­tir de la escucha, la val­i­dación de las expe­ri­en­cias de otras per­sonas, y la aceptación de otros significados/sentidos sobre la vida, la muerte, el due­lo, la búsque­da y la espera. A par­tir de una escucha aten­ta, con­sciente y respon­s­able, es posi­ble lle­gar a for­mu­lar no sólo nuevas pre­gun­tas sino pre­gun­tas más incó­modas y desafi­antes. En este sen­ti­do, entien­do la investigación/creación como un diál­o­go crítico/colaborativo que bus­ca cues­tionarse y rein­ven­tarse a través de com­pro­miso éti­co, emo­cional y político.

La deri­va como método

Inves­ti­gar sobre la vio­len­cia y sus efec­tos, inves­ti­gar en con­tex­tos donde la vio­len­cia es vigente, e inves­ti­gar colab­o­ra­ti­va­mente en lugares y con per­sonas afec­tadas por for­mas diver­sas de vio­len­cia (vigentes), son todos pro­ce­sos muy difer­entes. Inves­ti­gar supone una inten­ción y moti­vación, así como condi­ciones y fil­tros (dis­ci­plinas) des­de donde aproximarse. 

Pien­so en la deri­va como una for­ma de tran­si­tar y prác­ticar la inves­ti­gación, y tam­bién como la for­ma de asumir y nave­g­ar los desvíos. En lo intu­iti­vo de mi aprox­i­mación había ingenuidad y con­fusión, no porque careciera de un mar­co metodológi­co sino porque ante todo esta­ba exce­di­da de emo­ciones, medios y mate­ri­ales: chats, fotografías, sonidos, y por el tiem­po y la dis­tan­cia que nos trascendían. Una for­ma de inves­ti­gación que nece­sita­ba repen­sarse a través de una serie de con­flic­tos rela­ciona­dos con la escala, la per­spec­ti­va y la intensidad:

¿Cómo me acerco?¿cómo me alejo?¿dónde me ubico?¿Cómo actúo?¿Cómo interpreto?¿Cómo ges­tiono y traduz­co todo lo implíc­i­to en este proyecto?¿Qué hace que sea colab­o­ra­ti­vo? y si ocurre ¿cómo ocurre?

Para inten­tar respon­der estas pre­gun­tas se me ocur­rió una idea viable y muy sen­cil­la: debía com­par­tir el proyec­to con todas las per­sonas que pudiera y si me era posi­ble, debía hac­er­lo de man­era difer­ente con cada una. A veces cam­bi­a­ba el orden de los temas o inten­cional­mente omitía la pal­abra vio­len­cia o desapari­ción forza­da. Otras veces me enfo­qué en hablar de la relación de los ríos con el con­flic­to arma­do. Y luego decidí com­par­tir­lo des­de la per­spec­ti­va de los vín­cu­los, las per­sonas vin­cu­ladas y lo que hacíamos en nue­stros encuen­tros. Esta últi­ma inten­ción, me per­mi­tió enten­der que en la coyun­tu­ra entre el acom­pañarnos, hac­er­nos pre­gun­tas y hac­er cosas juntas/os, esta­ba la clave del proyec­to y cómo lo estábamos haciendo.

Estudié artes visuales y dis­eño, y me aprox­i­mo a este proyec­to des­de un aban­i­co híbri­do en el que con­ver­gen la inves­ti­gación cual­i­ta­ti­va, artís­ti­ca, fem­i­nista, decolo­nial y trans­dis­ci­pli­nar. Para expon­er mejor la for­ma en qué fueron con­vergien­do los hilos y her­ramien­tas metodológ­i­cas de este proyec­to, me es nece­sario men­cionar las difer­entes pre­gun­tas, sug­eren­cias y críti­cas con­struc­ti­vas que recibí y cómo me ayu­daron en el pro­ce­so. Por ejem­p­lo, cuan­do me refer­ía al proyec­to des­de un enfoque en la for­ma de vio­len­cia por la que indaga­ba, me pre­gun­taron: ¿eres his­to­ri­ado­ra o socióloga?¿con qué mate­ri­ales trabajas?¿fuentes pri­marias o secun­darias? Cuan­do me referí a quienes me acom­paña­ban: ¿eres antropólo­ga? porque tu tra­ba­jo es muy etno­grá­fi­co. Cuan­do men­cioné cómo la prác­ti­ca artís­ti­ca de otras per­sonas era rel­e­vante para esta inves­ti­gación, me pre­gunt­a­ban: ¿tu proyec­to es de estu­dios culturales?¿A qué artis­tas anal­izas y cómo lo haces? Después de dar muchas vueltas a estas pre­gun­tas y al sen­tir que las respues­tas me per­mitían encon­trar lo que bus­ca­ba, decidí abor­dar­las de man­era difer­ente y en lugar de respues­tas, encon­tré otras pre­gun­tas más acer­tadas y con­cientes ¿Qué es lo que no tiene este proyecto?¿Qué es lo que no me intere­sa y/o lo que no estoy buscando? 

Mi inten­ción no es for­mu­lar con­clu­siones relevantes/grandilocuentes sobre la desapari­ción de per­sonas, el con­flic­to arma­do en Colom­bia, y la com­ple­ja situación de los ríos (en relación con lo ante­ri­or). Más que ali­men­tar lo dicho sobre este fenó­meno y estos temas—que es muy amplio y ya ha sido abor­da­do des­de varias dis­ci­plinas y por varies autores (Picault, Uribe, Suaréz, Dieguéz, etc), lo que real­mente me intere­sa explo­rar es la man­era en la que me aprox­i­mo y bus­co prop­i­ciar de man­era colab­o­ra­ti­va, situa­ciones y espa­cios de diál­o­go en con­tex­tos de alta vul­ner­a­bil­i­dad emo­cional, social e históri­ca. Coin­ci­den­te­mente, esta inves­ti­gación responde a una pro­fun­da moti­vación per­son­al por explo­rar las difer­entes for­mas de búsque­da, recuer­do, resisten­cia y encuen­tros espec­u­la­tivos de un grupo de per­sonas que se han vis­to expues­tas y afec­tadas por la desapari­ción forza­da en Colom­bia: ¿Cómo bus­can y esper­an? ¿Cómo con­viv­en en estos espacios?¿Cómo se rela­cio­nan con el agua y los ríos?¿Cómo recuerdan?¿cómo aparecen/intervienen los ríos en su vida y experiencias?¿Qué tipo de rela­ciones mate­ri­ales y sim­bóli­cas surgen?¿qué for­mas alter­na­ti­vas de encuen­tro pueden emerg­er allí y a par­tir de qué gestos?

Abor­do estas pre­gun­tas des­de un enfoque fem­i­nista, decolo­nial, inter­sec­cional, y tran­dis­ci­pli­nar dan­do rel­e­van­cia a las difer­entes condi­ciones, necesi­dades y rela­ciones que sur­gen el pro­ce­so de inves­ti­gar. Fem­i­nista porque par­to de una pos­tu­ra éti­ca y políti­ca que reconoce el cuida­do y el respeto condi­ciones cen­trales de la prác­ti­ca de investigación/creación. Decolo­nial porque bus­co sub­ver­tir las prác­ti­cas hegemóni­cas de inves­ti­gación a par­tir de la creación de méto­dos más con­scientes, cuida­dosos, com­pro­meti­dos y colab­o­ra­tivos. Me intere­sa habil­i­tar inter­cam­bios y situa­ciones epis­te­mológ­i­cas colec­ti­vas a través de la vin­cu­lar­i­dad como for­ma alter­na­ti­va de encuen­tro e inves­ti­gación. Inter­sec­cional porque reci­bo y vali­do las expe­ri­en­cias situ­adas de quienes me acom­pañan des­de difer­entes enfo­ques (el de género, la condi­ción de víc­ti­ma del con­flic­to arma­do, el de grupo étni­co, etc). Es trans­dis­ci­pli­nar porque como espa­cio epistémi­co de explo­ración colec­ti­va este proyec­to con­sid­era dis­tin­tas for­mas de pen­sar, dis­ci­plinas y aprox­i­ma­ciones, así como difer­entes for­matos que oscilan en el espec­tro de la prác­ti­ca artís­ti­ca, el pen­samien­to de dis­eño, y las metodologías etno­grá­fi­cas. Me intere­sa crear metodologías situ­adas que per­mi­tan entablar diál­o­gos colab­o­ra­tivos, cuida­dosos y emo­cional­mente com­pro­meti­dos en con­tex­tos complejos. 

A través de la explo­ración de la desapari­ción forza­da de per­sonas como moti­vación ini­cial, logre avan­zar y con el tiem­po, dilu­ci­dar de qué real­mente va este proyec­to. No fue un camino líneal que me lle­vara del qué al cómo. Más bien ha sido del por qué al qué, del dónde al cómo, y de con quiénes al a hac­er qué (cosas). En otras pal­abras, fue a par­tir de mi inda­gación sobre cómo algu­nas per­sonas y comu­nidades habi­tan la expe­ri­en­cia de desapari­ción forza­da y de otras vio­len­cias vis­i­bles en el espa­cio, que se fue vis­lum­bran­do la esen­cia de este proyec­to: el que­hac­er cre­ati­vo como resisten­cia colec­ti­va y for­ma de éti­ca de hac­er pre­gun­tas e inves­ti­gar. Al abor­dar temas y fenó­menos den­sos y car­ga­dos de reper­cu­siones emo­cionales y sig­nifi­ca­dos, inves­ti­gar requiere de un nue­vo mar­co de aprox­i­mación, nuevas pre­gun­tas, com­pro­misos y por supuesto, ries­gos. Es decir, hac­erse vul­ner­a­bles, prác­ticar la sol­i­dari­dad epistémi­ca a par­tir de lengua­jes com­par­tidos, y la aper­tu­ra a otras for­mas de inves­ti­gar que vienen des­de el conocimien­to local, expe­ri­en­cial y empírico). 

Entien­do la prác­ti­ca artís­ti­ca como una herramienta/forma de creación de situa­ciones de diál­o­go e inter­cam­bio en las que elab­o­ramos pre­gun­tas de man­era colec­ti­va. Con esta apues­ta, me intere­sa entablar diál­o­gos a través de lengua­jes comunes, gestos cotid­i­anos y mate­ri­ales diver­sos que nos per­mi­tan aprox­i­marnos por medio de situa­ciones no solo cotid­i­anas sino menos opre­si­vas y dis­pares como cam­i­nar, coci­nar, hablar (por telé­fono), dibu­jar, recolec­tar obje­tos, amasar bar­ro, bor­dar y leer en voz alta.