Abstract

Miguel Hernández es un poeta inequívocamente político e incuestionablemente íntimo. «Canción primera» y «Canción última», prólogo y epílogo de El hombre acecha, son una inmejorable muestra de esta profunda imbricación, que adelanta el giro afectivo del Cancionero y Romancero de ausencias. La elección del molde retórico de la canción no es inocente, ya que responde a un proyecto de ideologización de los formatos y metros tradicionales, clave en su perspectiva autorreferencial. Supone una postura de apropiación y distancia, homenaje y réplica en el interior mismo de la activa tradición literaria. Este giro afectivo consolida un itinerario con resonancias civiles que va profundizando una voz introspectiva y autoanalítica. Su arte poética, en este libro como en toda su obra, revela una aguda consciencia de su mester, y la elección de moldes estróficos para muchos de sus paratextos representa una instancia inmejorable para reafirmar su conciencia metaliteraria.

Artículo para descargar

Nota biobibliográfica

Laura Scarano, Córdoba, 2019.

Laura Rosana Scarano es Profesora Titular en la Universidad Nacional de Mar del Plata de Argentina e Investigadora Principal del CONICET, Directora del grupo Semiótica del Discurso del Área de Literatura Española del Celehis. Master of Arts en The Ohio State University (1988) y Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires (1991). Fue Directora del Depto. de Letras y del Doctorado en Letras, Vice-coordinadora de la Maestría en Letras Hispánicas y Secretaria de Investigación y Posgrado de su Facultad. Fue elegida Presidenta de la Asociación Argentina de Hispanistas en 2010. Se ha aprobado recientemente su nombramiento como Profesora emérita de su universidad. Ha publicado veinte libros, de autoría propia o como compiladora, en Argentina, España y Francia, el último en Granada en 2019. Tiene más de cien artículos académicos en revistas internacionales, decenas de capítulos en libros de colegas argentinos y extranjeros y numerosas actas de congresos y participaciones como panelista invitada. Ha dictado conferencias plenarias y cursos de posgrado en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Se destacan sus aportes en cuestiones de semiótica social y teoría literaria, además de dedicarse especialmente a la crítica de poesía en lengua española contemporánea. Correo electrónico: laurarosanascarano@gmail.com.

Entrevista

¿Cómo llegó a conocer usted la obra hernandiana?

Desde muy joven conocí la poesía de Miguel Hernández a través de las canciones que Joan Manuel Serrat popularizó en sus discos, musicalizando poemas como «Para la libertad» «Nanas de la cebolla» y recorriendo con ellos Latinoamérica. De hecho, durante el franquismo llegó a tener más popularidad aquí en Argentina (Hernández, y también Serrat!) que en su propia tierra. Junto con Antonio Machado fueron los dos poetas españoles más conocidos y difundidos del siglo XX, desde los años 60 en Argentina.

Posteriormente, ya cursando mi carrera de grado de Licenciatura en Letras, el profesor a cargo de la asignatura dedicó gran parte de su programa a los poetas españoles de la posguerra (Blas de Otero, José Hierro, Gabriel Celaya, y los del grupo del 50), tomando a Hernández como un precursor de la poesía social posterior, más que como miembro joven y díscolo de una vanguardia «deshumanizada», en palabras de Ortega y Gasset.

¿Cuál es el legado literario de Miguel Hernández?

En estas dos últimas décadas he advertido que en los estudios académicos y críticos de las universidades españolas se ha revalorizado la poesía de Miguel Hernández (a la zaga de la valoración que ya se le daba en las aulas argentinas desde los años 60 y 70), superando ciertos prejuicios anteriores, ya sea meramente ideológicos (desestimando como “panfletarios” algunos de sus poemarios) o biográficos, fruto de leyendas literarias de pares o conocidos atados a su presunta máscara de poeta pastor para granjearse favores editoriales o amistades de poetas más  famosos en los cenáculos madrileños.

Considero que su mayor valor reside en su posición fronteriza en el campo literario de los años 20 a 40, por esa versatilidad que cubre muchas de las facetas de las llamadas vanguardias, desde el gongorismo primero, el cultivo de la imagen y metáfora onírica, hasta el romance civil y la vertiente fragmentaria final de las canciones y romances breves más intimistas. Desde mi óptica de estudio, esta posición fronteriza, que mira hacia ambos lados de la historia literaria, lo ubica como un vanguardista que supo tempranamente que el rumbo de la poesía futura se alejaría del culto a la autonomía del arte y apostaría por una revinculación con la praxis vital e histórica. “Intimidad social e identidad sentimental” fue la frase que acuñé en un trabajo de 2010 para resaltar esa fusión de lo privado y lo público, el compromiso con la historia y el giro afectivo presente en su poesía, que en mi artículo del monográfico de la revista Versants de 2021 he tratado de destacar.

¿Qué aspecto(s) de su poesía sería(n) interesante(s) para investigar en el futuro?

Muchos e ilustres colegas han escrito sobre su obra y no soy yo quien pueda determinar qué faltas o lagunas existen aun en la crítica. Cada etapa histórica alumbra nuevos lectores, que verán con nuevos ojos la misma escritura hernandiana, que si bien aparentemente es inalterable, suscita entre líneas nuevas reacciones e interpretaciones.